10/12/17

(+140) NUEVAS EXPERIENCIAS

13:20 0 Comments




A veces no todo va como queremos y el domingo pasado, por primera vez, se me hizo imposible escribir la entrada de la semana, o sea que en esta entrada os resumiré un poquito estas dos últimas. He aprendido que hasta cuando una cree que no está aprendiendo, aprende, y que un pequeño tropiezo no significa un error, y mucho menos a los 16 años, sino que es solo un accidente del que se coge carrerilla y energía.

Pero no os preocupéis que yo sigo muy bien por estos lares y estas dos semanas han pasado muchas cosas interesantes. 

Durante toda la semana pasada, las otras dos estudiantes de intercambio de mi instituto y yo fuimos por varias clases del colegio enseñándoles a los niños unas presentaciones sobre nuestro país, lo cual fue algo que encantó hacer: responder a las preguntas de los niños y enseñarles un poquito de mi cultura; además, tras haberlas escuchado unas veinte veces, ahora mismo ya soy una experta en las culturas de Serbia e Italia también.



El jueves, Zaira, una de las becadas gallegas, tenía una excursión para visitar la universidad que hay en Grand Junction, por lo que nos pudimos ver; aunque no fue mucho tiempo, me hizo un montón de ilusión y fue un gusto poder hablar largo y tendido, ponernos al día, sacarnos las fotos del turno y, en general, ver a alguien de mi vida en España y disfrutar del acento gallego, que siempre sienta bien.



El viernes por la mañana tuve que ir al colegio para ayudar a preparar los decorados para la obra de Navidad. La verdad es que quedaron preciosos y los pasamos súper bien; además, la profesora, que es un cielo, compró pizza para todos, o sea que os podéis imaginar que no hubo queja.


Después tuve mi primer partido de baloncesto. Como pasaba en volleyball, hay dos equipos: JV y Varsity, y, aunque en volley solo jugué en JV, en baloncesto soy swinger: juego en JV, generalmente de titular, pero también entro en Varsity, aunque juegue menos. La verdad es que me hizo muchísima ilusión cuando me lo dijeron, porque, pues por ejemplo, en el partido de Varsity hacemos una entrada especial, anuncian nuestros nombres, escuchamos el himno y, en el de este viernes, hasta tocó la banda del colegio, lo cual lo hace todo mucho más "americanada". Perdimos ambos, pero yo me lo pasé súper bien.


El sábado íbamos a ir a la parade of lights, que es como una cabalgata con carrozas muy iluminadas; había un montón de gente y aparcar se hizo imposible, por lo que, a pesar de que vi algunas por la carretera, no pudimos ir; el "plan b" fue ir a Hobby Lobby, una tienda que me encantó, y buscar nuestros ornamentos para el árbol. Además, al llegar a casa me enseñaron el que han encargado con los nombres de la familia, lo cual es una tradición aquí, y me pareció precioso el hecho de que me incluyesen.



Esta semana, el miércoles, tuvimos nuestro segundo partido, esta vez en Debeque, no muy lejos de aquí. Volvimos a perder pero también lo disfruté mucho; además, probe los walking tacos, que es básicamente una bolsa de Doritos con carne y queso, o cualquier otra cosa que se le quiera poner, dentro. Como dato curioso os digo una cosa: los Doritos ya me encantaban en España, pero los de aquí están mucho más ricos.



El jueves, después del entrenamiento, fui con Hannah, la mayor de mis host sisters, al centro comercial, donde hicimos algunas compras navideñas y cenamos juntas.



El viernes, por fin, llegó uno de los eventos que con más ganas había esperado: Denver. Por la mañana nos recogió Michele, una de las coordinadoras de la zona, y pusimos rumbo a la capital del estado. De lo mejor de este viaje fue sin duda la compañía: en esa furgoneta, además de dos españoles más, había otros estudiantes de Egipto, Alemania, Tailandia... y todos conectamos muy bien. Cuando eres exchange students, es imposible no conectar con gente que está pasando por lo mismo y viene con perspectivas culturales muy diferentes, pero a la vez también muy parecidas a la tuya; y, sobre todo, con mentes muy abiertas y ganas de pasarlo bien.


Como estudiantes de intercambio, tenemos que realizar determinadas horas de voluntariado al año, y en Denver, como en muchos otros sitios, se lleva a cabo la Operation Christmas Child: todas las personas que quieren pueden enviar una caja de zapatos llena de regalos que se les entregará, por Navidad, a niños necesitados. Nosotros tuvimos la oportunidad de participar en la "cadena de montaje" de los paquetes con cajas, revisando el contenido y asegurándonos de que iban bien cerradas. Además de muy entretenido, fue una experiencia preciosa y en la que pude conocer a muchos otros estudiantes (¡y reencontrarme con Zaira!). Tengo que informarme y ver si también hacen este proyecto en España, porque me encantaría colaborar muchos años más.


Tras pasar toda la tarde en la nave donde hicimos eso, fuimos al hotel, que era una pasada. Nos abrieron la piscina hasta más tarde de las once y, evidentemente, unos 30 extranjeros se lo pasan muy bien juntos, por lo que nos divertimos un montonazo.

El sábado por la mañana, con no muchas horas de sueño encima, fuimos a desayunar a McDonalds y luego a lo que los americanos llaman un "centro comercial al aire libre", pero que en realidad es un conjunto de calles con tiendas entre las que puedes caminar, lo cual, aunque para nosotros es lo más común, no es muy frecuente aquí.


Tras esto, nos despedimos de los otros estudiantes de intercambio que no venían en la misma furgoneta y fuimos al Colorado Mills, un centro comercial enorme donde comimos e hicimos más compras.

Fue un viaje muy intenso pero breve, por lo que después de esto ya pusimos rumbo de vuelta a nuestras ciudades. Pudimos disfrutar de un paisaje impresionante porque, si Colorado ya es bonito de por sí, nevado lo es todavía más. Tras un par de paradas y una cena en Wendy's, llegó el momento de despedirnos con las ganas, y esperanza, de volvernos a ver en no mucho tiempo.

Y esto ha sido todo por estas dos semanas que, como veis, han sido bastante intensas. Quedan otras dos semanas de colegio y, con ellas, un montón de proyectos y exámenes, pero también algún que otro plan que pinta muy bien.

¡Hasta la próxima semana! ❤️

26/11/17

(+126) THANKSGIVING BREAK

17:23 0 Comments


Tanto el lunes como el martes fueron días de relax, de estar por casa y hacer tareas, con la excepción del entrenamiento de baloncesto que tuve el martes porque, como ya os dije en las anteriores vacaciones, de todo se descansa menos de los deportes.

El miércoles, volví a ir con la italiana y su familia de excursión, esta vez también con un estudiante de intercambio de Eslovaquia que está viviendo en un pueblo aquí cerca; resulta que su familia acogió a un becado el año pasado, por lo que el chico sabía un montón de cosas sobre Galicia, la beca, Amancio Ortega y hasta Santiago de Compostela, lo cual me hizo mucha ilusión. Fuimos al Black Canyon, un sitio que, si bien no me gustó tanto como el Hanging Lake de la semana pasada, hay que reconocer que era muy bonito, especialmente por la impresión que daba ver el cañón desde la altura.


Después fui a su casa, donde pude ver como encendían las luces de Navidad, y hacer tiempo con ellos hasta la hora de la cena, cuando fuimos a cenar a Noodles&Company (cadena de comida que básicamente sirve pasta) y, como no, Alessandra pidió mac and cheese, porque no podía ser más predecible.

El jueves fue Acción de Gracias, la famosa fiesta de todas las películas americanas. Como es tradición, por la mañana vimos la Macy's Thanksgiving Parade, que es como una cabalgata de Reyes a lo grande que se hace cada año en Nueva York con motivo de esta celebración. Después, aunque no prestamos tanta atención, también es típico ver The National Dog Show, un certamen en el que básicamente los dueños pasean a sus perros y que, por aburrido que suene, la gente parece adorar aquí.

A las dos de la tarde nos sentamos a la mesa. Diréis: "caray, ¡comisteis a la hora española!", pero no chicos, esa era la cena. Si por algo se caracteriza esta fiesta es por la comida, y no me extraña: el famoso pavo, dinner rolls, casseroles, pumpkin pie... e infinidad de cosas más que hacen las "sobras de Acción de Gracias" algo también muy típico de este país.


Tradición también es ir de compras el día después de Acción de Gracias, durante el famoso black friday, pero nosotros nos adelantamos, como otros millones de estadounidenses, y fuimos ya el jueves por la tarde-noche. Aunque hubo bastante gente, no era tanta como al día siguiente, el viernes, cuando volvimos a ir de tiendas y estuvimos 35 minutos en la fila para pagar en una de ellas; aquí el black friday es algo mucho más grande que en España y lleva tantos años instaurado que es prácticamente una festividad más, pero lo podríamos comparar con el primer día de las Rebajas de enero que nosotros tenemos, para que os hagáis una idea.

Otra de las costumbres americanas es montar el árbol el día después de Acción de Gracias, por lo que, al margen de comprar, también hicimos eso. Si recordáis una de mis entradas en septiembre, os hablaba de los estados emocionales por los que los estudiantes de intercambio pasan durante su año, y, en la mitad, se alcanzaba el punto más bajo. Esa mitad son las vacaciones de Navidad, y antes de ella viene una bajada lenta hasta ese punto; aunque me había olvidado de todos esos períodos que íbamos a pasar, os puedo decir que montando el árbol me pude hacer una idea de lo duras que van a ser las Navidades para mí; serán preciosas, porque es así como lo son en este país, de película, pero, vamos a ser honestos, nada prepara a una adolescente de 16 años para enfrentarse a sus primeras fiestas lejos de casa a tan temprana edad, pero también estoy segura de que me harán mucho más fuerte y me ayudarán a entender a toda esa gente que nunca comprendía cuando me decían que odiaban estas fechas, principalmente por la ausencia de gente a la que querían. Y no me malinterpretéis, Diciembre siempre ha sido uno de mis meses favoritos y soy una persona extremadamente navideña, pero este año no me importaría dar un salto hasta enero y perdérmelas; sí, ver luces y regalos me emociona y hace ilusión, pero también me deja un sabor agridulce que sé que va a hacer esas fechas algo complicadas. Para qué mentir, mi mejor regalo sería un abrazo de los míos, uno de esos que sé que voy a necesitar, pero voy a poner todo mi empeño para vivir una de esas Navidades que veía por las tardes en Antena 3 y soñaba con tener.



Después, tras acompañar a mi host dad con dos de mis host sisters a casa de un amigo, pude ver un montonazo de casas con iluminaciones impresionantes, y el sábado nos tocó a nosotros y las colocamos alrededor de toda la fachada. Esto es una de esas cosas que hacen las Navidades tan bonitas y entrañables a este lado del océano.


Y como no, aprovechando las fechas, creo que es motivo suficiente para dedicar un poquito de esta entrada a dar las gracias.

Le tengo que dar unas gracias especiales a mi host family, aunque nunca tendré forma suficiente de agradecerles la oportunidad que me han dado este año de vivir con ellos y el esfuerzo que hacen para hacerme sentir una más. Las gracias también van para toda la gente que ha sido amable conmigo, ha tenido paciencia y dedicado alguna sonrisa, a mi equipo de volleyball y a tantos compañeros de instituto que siempre han estado dispuestos a ayudar, aunque la mención especial se la llevan las dos estudiantes de intercambio que se han convertido en uno de mis grandes apoyos aquí.

Las gracias van para mi colegio y mi academia de inglés, y todos sus profesores, porque no estaría aquí sin la educación que ellos me han dado. Mis gracias, evidentemente, se las merece también la Fundación Amancio Ortega y todo el equipo que ha hecho esta experiencia posible y que, desde el otro lado del charco, están siempre pendientes de nosotros y dispuestos a echar un cable.

 Gracias a mis amigos, y no tengo que decir nombres porque los que son, ya lo saben; porque es muy fácil rendirse en las amistades cuando los kilómetros se interponen de por medio, y ellos me han demostrado que son capaces de mantenerla y hacerla durar pase lo que pase, por mucho que no responda a sus mensajes en días o no pueda llamarles tanto como querría. Mil gracias por demostrarme, a través de tantos pequeños detalles, la importancia de amistades como las vuestras, y lo bonito que es sentirse querida y arropada.

Pero las gracias más importantes van para mi familia: a mi padre, porque ha marcado mucho más mi personalidad de lo que él se piensa, y porque esta experiencia me ha ayudado a entenderle más, y lo duro que puede ser estar lejos de casa; a mi abuela, por siempre enseñarme una sonrisa y transmitirme energía cuando sé lo duro que está siendo esto para ella; a mi abuelo, por transmitirme todas esas ganas de currar, estudiar y ver mundo, y por demostrarme su amor tan característico aún a tantos kilómetros. Unas gracias gigantes a mi hermano; gracias Diego por cuidar tan bien de mamá y ayudarla tanto, por estarte convirtiendo en un hombrecito admirable y demostrarme que la distancia separa cuerpos pero puede acercar corazones más que nunca antes.

Pero las gracias más importantes para ti, que sé que ya se te hace raro que no te haya mencionado después de tantos agradecimientos. Podría escribirte párrafos y párrafos mamá, pero creo que las gracias más grandes que te puedo dar son las gracias por contagiarme tu curiosidad, tu empatía y tu hambre de ver mundo; sobre todo, gracias mamá por dejarme volar, pero que sepas que volveré al nido con las alas más grandes y preparadas para abrazarte que nunca.


19/11/17

(+119) ¡NIEVE!

19:04 0 Comments



Esta ha sido la primera semana completa de entrenamientos de baloncesto, por lo que los tuve todos los días. La verdad es que, aunque me han dolido músculos que ni sabía que tenía, me está gustando mucho y tengo un montón de ganas de empezar los partidos.

El lunes después de clase, aunque con unos meses de adelanto, tomé orejas de Carnaval, ya que una de mis host sisters las tenía que preparar para su clase de español. Honestamente, le salieron súper ricas (en parte porque lo único que hice yo fue buscar la receta ya que, para qué mentir, cocinar no es mi fuerte).


El jueves, por fin, fue el último día antes de las vacaciones de Acción de Gracias, por lo que todas las clases fueron bastante relajadas; incluso en estudio, nuestra profesora organizó una carrera de aviones de papel, o sea que os podéis imaginar el nivel de relax.

El viernes por la mañana fui a la peluquería; ya antes de venir aquí quería aclararme las puntas, pero entre una cosa y la otra, y el hecho de que mi apariencia tenía que ser la misma al dejar el país que en la foto del visado, nunca lo hice. No lo quería rubio, por lo que solo quedó en un castaño más claro, y la verdad es que a la luz se ve un color súper bonito, con toques anaranjados.

Por la tarde después del entrenamiento, Marija, Sara y yo, las tres estudiantes de intercambio, quedamos y nos preparamos juntas; después fuimos a cenar con dos amigos más a Red Robins, un sitio que ha pasado a ser de mis favoritos aquí: la hamburguesa estaba buenísima y las patatas fritas eran ilimitadas, por lo que os podéis imaginar que me puse las botas. Además, aquí en América si en un restaurante dices que es tu cumpleaños, generalmente, te dan algo gratis, por lo que, evidentemente, dijimos que era mi cumpleaños y me dieron helado gratis; ni siquiera me pidieron el carné para comprobarlo, o sea que no entiendo como la gente no saca mucho más provecho de esto, pero si algo son los americanos es muy honestos para este tipo de cosas (o lo que en Galicia llamaríamos parvos, pero lo voy a dejar en poco avispados) y es que, por triste que sea, a ver qué español no decidiría estar de cumpleaños en un restaurante en América.


Después de esto, fuimos al Walmart para hacer provisiones de helado y nos quedamos las tres a dormir juntas. La verdad es que me parece que tenemos una amistad muy bonita, ya que el hecho de estar pasando por lo mismo y de tener una perspectiva tan parecida de lo que pasa a nuestro alrededor nos hace estar muy unidas, y ya tenemos claro que nos visitaremos en nuestros países en el futuro.



El sábado por la mañana fuimos con los host parents de Marija a desayunar a Judy's, un restaurante de una tía suya súper americano. Os dejo una foto de mi desayuno por aquí abajo: huevos revueltos, bacon y tostadas tejanas. Solo os digo que no comí nada más hasta la cena.


Por la tarde, fui a una actuación de Hailey, una de mis host sisters: era un concierto en el que los mejores del oeste de Colorado se juntaban para tocar unas piezas y, aunque de nuestro instituto había unos cuatro-cinco chicos, ella, que toca el clarinete, fue la única de su Middleschool, por lo que todos estuvimos muy orgullosos de ella.





Después fuimos a Starbucks y a cenar a un restaurante chino (y meter algo para el cuerpo por primera vez desde ese pedazo desayuno).


El domingo no fue como de costumbre, y es que, alrededor del mediodía, fui con Sara y su host family al Hanging Lake, en Glenwood Springs, a una hora y media de aquí. Honestamente, es uno de los sitios más bonitos en los que he estado nunca: la ruta en sí, al estar en la sombra, estaba toda nevada, lo cual, además de hacerme mucha ilusión, la hizo preciosa; el Hanging Lake en sí es un lago súper bonito, y definitivamente mereció la pena toda la subida y el dolor de pies para esas vistas.



Y así termina la semana y empieza oficialmente la mía de vacaciones de Acción de Gracias, que promete también estar cargada de bastantes "americanadas" y nuevas experiencias.

¡Hasta la próxima semana! ❤️











12/11/17

(+112) NORMALIDAD

14:29 0 Comments


La semana empezó con mi primer open gym de baloncesto, que es el deporte al que voy a jugar esta temporada de invierno. Un open gym es básicamente como un entrenamiento, lo que pasa es que, oficialmente, aún no les pueden llamar así. Al haber jugado al baloncesto ya, estoy mucho más "situada" que en volleyball, deporte en el que empecé totalmente de cero, por lo que eso lo hace mucho menos complicado, aunque esto no me quitó las agujetas que tuve el resto de la semana.

El día 11 de noviembre fue Veterans Day (Día de los Veteranos), por lo que el jueves tuvimos en nuestro instituto el USO Show, un concierto en honor a todos ellos. La verdad es que es una pasada el respeto tan grande que tienen por todos aquellos que le han prestado servicio al país, y este evento fue súper emotivo por ello. Antes de entrar, mientras esperábamos en fila, unos niños se pasearon con cestas repartiendo, a todos los veteranos que allí se encontraban, amapolas rojas de papel, ya que esta flor es el símbolo de la memoria de todas las víctimas militares y de conflictos armados civiles desde 1914. Durante el concierto, actuaron los coros y las bandas tanto del instituto como de los niños más pequeños, y el Bookcliff Barbershop Harmony Chorus, un coro de señores mayores que se ofreció a participar. Sin duda mi parte favorita fue el final, cuando todos juntos interpretaron los himnos de cada una de las ramas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (el Cuerpo de Marines, la Armada, la Fuerza Aérea...) y, cuando cada uno sonaba, los veteranos que habían formado parte de ellas se levantaban de sus sillas recibiendo el aplauso de todo el público. Honestamente, me pareció un acto súper bonito, emotivo y respetuoso.


El viernes, después de una pequeña reunión de equipo con los entrenadores, tuve mi primer entrenamiento oficial. Me alegra mucho volver a la rutina del deporte, porque estas últimas semanas han sido un comer y no parar, y también estoy muy ilusionada con respecto a la temporada, ya que me gustan mucho los entrenadores y su forma de enfocarla.

El resto del fin de semana fue de descanso y muchos deberes, ya que nos han empezado a mandar bastantes proyectos de distintas asignaturas. Hoy, domingo, he salido para hacer algunas compras para baloncesto, pero eso ha sido todo.

Las clases ya transcurren con mucha rutina: en Teatro seguimos preparando la obra, que representaremos en enero y en Literatura Americana estamos escribiendo una tesis y leyendo algunos ensayos de Emerson. Filosofía, donde estamos leyendo la República  de Platón, sigue siendo mi asignatura favorita, en parte gracias al pedazo profesor que tenemos. Mitología, que ahora es Mitología Nórdica, se basa mucho en trabajo en grupo, debatir y representar los mitos que leemos; y, finalmente, en Periodismo estamos empezando a ultimar el periódico de este cuarto. El resto de asignaturas (Latín, Historia y Francés) también me gustan pero no hay nada en especial que destacar de ellas.

La verdad es que hasta a mí se me hace extraña lo corta que ha quedado esta entrada, pero la semana en general ha sido de mucha normalidad, sin mayores eventos. La que viene ya es la última antes de las vacaciones de Acción de Gracias y estoy segura de que vendrá más cargada.

¡Hasta la próxima semana! ❤️

5/11/17

(+105) HALLOWEEN

15:00 0 Comments


Y, de repente, la cifra de "cuenta adelante" ya supera los dos números, lo cual significa que dejo atrás el primer tercio de mi año aquí y me meto de lleno en la mitad de la experiencia. Lo cual también significa que en unos cincuenta días estaré en el ecuador y que, en otros cien, será la cifra de "cuenta atrás" la que pase a tener dos números. Y es que es increíble cómo el tiempo puede volar.

Y este es el momento en el que una empieza a darse cuenta de cuánto va a echar de menos muchas de las cosas que la rodean, y de cómo esta experiencia tiene esa parte tan agridulce que no hay solución que se le pueda dar.

Es el momento en el que os puedo decir con mayúsculas que estoy disfrutando cada instante de este año, tanto en el colegio como en casa, y que estoy sintiendo como el tiempo vuela delante de mí sin poder hacer nada al respecto. Es un momento de plantearme todo lo que quiero hacer en el futuro y de darme cuenta de que nada es eterno, que en menos de 70 días tendré diecisiete años, en año y medio me graduaré, y de que lo que viene después hasta se me hace grande, aunque tengo claro que después de esto prácticamente nada lo va a ser.

Cuando me senté en el asiento del avión que me trajo a Colorado, abrí la aplicación de "cuenta atrás", y las lágrimas que ya llevaban minutos cayendo se multiplicaron al ver algo parecido a 320. Ahora, con una cifra que pronto pasará a ser ciento y pico, también he sentido cierta tristeza al abrir esa aplicación, pero el motivo ya no ha sido el mismo.

Si eso de lo que tanto hablaban nunca me lo había creído del todo, ahora solo puedo decir que es 100% real: esta experiencia me ha hecho querer mi hogar y mi gente más de lo que podría quererlo nunca sin haberme ido, pero también me ha dado lo que se está convirtiendo en hogar al otro lado del charco, un hogar que ya sé que voy a echar de menos. Y es que me encantaría poder compaginar ambos, pero quizás lo bonito de esto es que es breve, es efímero y vuela; sabemos desde el principio que tiene un punto y final, y probablemente ese es el ingrediente que lo hace tan especial. Y para qué mentir, por mucho que vaya a doler, no podría querer más el hogar que sé que me va a estar esperando en cuanto aviste el Puente de Rande sobre la ría desde el avión.

Y después de esta reflexión tan profunda, que ya tocaba, empecemos con la semana:



El martes fue Halloween, por fin, y la verdad que es tal cual nos lo imaginamos gracias a las películas. Después de ir a clase y de hacer los deberes, nos preparamos para ir a hacer truco o trato. Yo me disfracé de bufona (no veáis el panorama cada vez que me preguntaban de qué iba disfrazada, porque no sabía cómo explicarlo), y Hailey, una de mis host sisters, me maquilló, ya que yo siempre he sido y seré nula para las artes cosméticas.

Los primeros niños empezaron entonces a timbrar, y pude escuchar los primeros "trick or treat" de la noche. Una vez preparadas, yo y mis dos host sisters mayores, con las fundas de almohada que usamos como bolsas, salimos a la calle. Aunque muchas de las zonas por las que fuimos estaban desiertas, la nuestra y las más cercanas a ella estaban plagadas de niños queriendo llenar sus sacos de caramelos. Había casas totalmente decoradas, e incluso mucha de la gente que daba chuches estaba disfrazada; incluso varias de las personas que no estarían en casa esa noche dejaron un bol con caramelos para que los pudiésemos coger. Nunca me imaginé que la gente participase tanto en esto, pero sí, desde bebés hasta ancianos, a todos les parece encantar esta tradición.


Como os podéis imaginar, esta semana ha sido una lluvia de azúcar: entre esas ochenta y pico chucherías, no sé cuántos cupcakes que nos dieron en el colegio, y otras tantas chocolatinas que también cayeron, he conocido la parte más calórica de América. Porque no, la cabalgata de Reyes no es nada comparado con esto.

El jueves por la noche tuvimos Club de Francés, y este mes tocó ver Los Miserables. A pesar de ser muy larga, la verdad es que me encantó, y hay que reconocer que la banda sonora es una pasada.

Si hay algo que me encanta desde que soy pequeña es la papelería: arrasaba con esa sección de los chinos, y buena prueba de ello son los cajones de mi habitación, llenos de agendas, lápices y demás cosas que nunca llegaré a utilizar. Resulta que había una tienda de material de oficina que estaba liquidando, por lo que allá nos fuimos el viernes por la mañana. Evidentemente, con esos descuentos que tenían y rodeada de tanta papelería, fue mi perdición; pero quedé súper contenta con las cosas que compré, sobre todo con la mochila, que es preciosísima.


Por la tarde, tuvimos la entrega de premios de volleyball y el resto de deportes de otoño del instituto: cross country (que se puede describir como correr por el medio del monte) y fútbol (el de verdad). Yo, como miembro del equipo JV, conseguí un diploma que, como no, me hizo mucha ilusión.

Después nos cambiamos y, tras un par de semanas, me puse las rodilleras de nuevo. Jugamos un par de sets contra los profesores y los chicos del equipo de fútbol, y, aunque fue gracias a unas cuantas trampas con el marcador, ya que quien lo manejaba estaba de nuestra parte, les ganamos a ambos.

Después de esto, y totalmente de imprevisto, jugamos al fútbol. Creo que ya lo he mencionado en alguna entrada, pero aquí no es nada con lo que es para nosotros en Europa, y para qué mentiros, los americanos hacen muchas cosas bien, pero este deporte no es lo suyo. Aún así, lo pasamos realmente bien y nos reímos un rato largo, sobre todo cuando a la pelota le salió un bollo enorme por uno de los lados y, aún así, seguimos jugando. Como no, por si la semana no había sido suficientemente azucarada, también hubo tarta.


El viernes por la mañana fuimos a la Holy Family Christmas Craft Fair: un mercadillo de artesanía, mucha de ella ya navideña, que organizaba un colegio católico de la ciudad. Tenían cosas preciosas y muchísima variedad de puestecillos, y a mí me encantó. Soy una persona muy navideña, por lo que me hace muchísima ilusión empezar a ver todo ya preparado a falta de mes y medio; nada más terminar Halloween, ya han empezado con esto, y es que no podemos olvidar que este el país del consumismo.

Tras esto, fuimos a hacer compras y comimos en Sam's Club, que es un supermercado (más bien una nave) enorme que diría que vende todo al por mayor, en cantidades enormes.


El resto del fin de semana ha sido muy tranquilo, y la semana que me espera parece bastante interesante. Es una locura, pero será la quinta del segundo cuarto, es decir, la mitad: de locos, como ya os dije. También voy a empezar baloncesto, aunque todavía no de lleno, lo cual me hace no sentirme tan mal por todo el azúcar que he metido pa' el cuerpo estos últimos días.

He leído este texto en la cuenta de Instagram de una chica (@meryturielsantos) y creo que le viene de perlas a la entrada de hoy, para explicar lo que os quería decir al principio, así que concluyo con él:

Dice Sabina que al lugar donde fuiste feliz no deberías tratar de volver. Y no seré yo quien contradiga las palabras de un maestro. Creo que hay experiencias que están destinadas a quedarse en nuestro recuerdo como perfectas, especiales. Algunas intuyes que serán así, y otras simplemente te sorprenden. Por el momento, por la situación, por las personas con ls que las compartes.
Y sabes que no se volverán a repetir de la misma manera. Que alcanzaste el cielo de la felicidad en esa ciudad con esa gente. Que le debes el recuerdo de lo vivido sin empeñar lo que has sentido. Y atesoras ciudades, personas e historias en tu memoria, momentos en los que fuiste muy feliz sin ser plenamente. consciente de ello. Y volverás, claro que lo harás, revivirás historias pero serás una persona diferente. Y pienso que es algo un poco triste. Como cuando lees un libro que te sacude el alma por primera vez, que te atrapa e inspira. Lo leerás una segunda vez, y otra vez. Y otra vez. Sabes que ninguna será como la primera. Pero siempre tendrás el recuerdo de cómo te sentiste en aquel momento.
Guárdalos. Para ti. Para siempre. No tienen precio.  
Tan solo me parece que encaja muy bien con lo que os quería contar, aunque me doy cuenta de que suena ya muy a final. Pero todavía no chicos, aún me quedan unos cuantos meses (un feixe deles) por las Américas.

¡Hasta la próxima semana! ❤️