19/11/17

(+119) ¡NIEVE!

19:04 0 Comments



Esta ha sido la primera semana completa de entrenamientos de baloncesto, por lo que los tuve todos los días. La verdad es que, aunque me han dolido músculos que ni sabía que tenía, me está gustando mucho y tengo un montón de ganas de empezar los partidos.

El lunes después de clase, aunque con unos meses de adelanto, tomé orejas de Carnaval, ya que una de mis host sisters las tenía que preparar para su clase de español. Honestamente, le salieron súper ricas (en parte porque lo único que hice yo fue buscar la receta ya que, para qué mentir, cocinar no es mi fuerte).


El jueves, por fin, fue el último día antes de las vacaciones de Acción de Gracias, por lo que todas las clases fueron bastante relajadas; incluso en estudio, nuestra profesora organizó una carrera de aviones de papel, o sea que os podéis imaginar el nivel de relax.

El viernes por la mañana fui a la peluquería; ya antes de venir aquí quería aclararme las puntas, pero entre una cosa y la otra, y el hecho de que mi apariencia tenía que ser la misma al dejar el país que en la foto del visado, nunca lo hice. No lo quería rubio, por lo que solo quedó en un castaño más claro, y la verdad es que a la luz se ve un color súper bonito, con toques anaranjados.

Por la tarde después del entrenamiento, Marija, Sara y yo, las tres estudiantes de intercambio, quedamos y nos preparamos juntas; después fuimos a cenar con dos amigos más a Red Robins, un sitio que ha pasado a ser de mis favoritos aquí: la hamburguesa estaba buenísima y las patatas fritas eran ilimitadas, por lo que os podéis imaginar que me puse las botas. Además, aquí en América si en un restaurante dices que es tu cumpleaños, generalmente, te dan algo gratis, por lo que, evidentemente, dijimos que era mi cumpleaños y me dieron helado gratis; ni siquiera me pidieron el carné para comprobarlo, o sea que no entiendo como la gente no saca mucho más provecho de esto, pero si algo son los americanos es muy honestos para este tipo de cosas (o lo que en Galicia llamaríamos parvos, pero lo voy a dejar en poco avispados) y es que, por triste que sea, a ver qué español no decidiría estar de cumpleaños en un restaurante en América.


Después de esto, fuimos al Walmart para hacer provisiones de helado y nos quedamos las tres a dormir juntas. La verdad es que me parece que tenemos una amistad muy bonita, ya que el hecho de estar pasando por lo mismo y de tener una perspectiva tan parecida de lo que pasa a nuestro alrededor nos hace estar muy unidas, y ya tenemos claro que nos visitaremos en nuestros países en el futuro.



El sábado por la mañana fuimos con los host parents de Marija a desayunar a Judy's, un restaurante de una tía suya súper americano. Os dejo una foto de mi desayuno por aquí abajo: huevos revueltos, bacon y tostadas tejanas. Solo os digo que no comí nada más hasta la cena.


Por la tarde, fui a una actuación de Hailey, una de mis host sisters: era un concierto en el que los mejores del oeste de Colorado se juntaban para tocar unas piezas y, aunque de nuestro instituto había unos cuatro-cinco chicos, ella, que toca el clarinete, fue la única de su Middleschool, por lo que todos estuvimos muy orgullosos de ella.





Después fuimos a Starbucks y a cenar a un restaurante chino (y meter algo para el cuerpo por primera vez desde ese pedazo desayuno).


El domingo no fue como de costumbre, y es que, alrededor del mediodía, fui con Sara y su host family al Hanging Lake, en Glenwood Springs, a una hora y media de aquí. Honestamente, es uno de los sitios más bonitos en los que he estado nunca: la ruta en sí, al estar en la sombra, estaba toda nevada, lo cual, además de hacerme mucha ilusión, la hizo preciosa; el Hanging Lake en sí es un lago súper bonito, y definitivamente mereció la pena toda la subida y el dolor de pies para esas vistas.



Y así termina la semana y empieza oficialmente la mía de vacaciones de Acción de Gracias, que promete también estar cargada de bastantes "americanadas" y nuevas experiencias.

¡Hasta la próxima semana! ❤️











12/11/17

(+112) NORMALIDAD

14:29 0 Comments


La semana empezó con mi primer open gym de baloncesto, que es el deporte al que voy a jugar esta temporada de invierno. Un open gym es básicamente como un entrenamiento, lo que pasa es que, oficialmente, aún no les pueden llamar así. Al haber jugado al baloncesto ya, estoy mucho más "situada" que en volleyball, deporte en el que empecé totalmente de cero, por lo que eso lo hace mucho menos complicado, aunque esto no me quitó las agujetas que tuve el resto de la semana.

El día 11 de noviembre fue Veterans Day (Día de los Veteranos), por lo que el jueves tuvimos en nuestro instituto el USO Show, un concierto en honor a todos ellos. La verdad es que es una pasada el respeto tan grande que tienen por todos aquellos que le han prestado servicio al país, y este evento fue súper emotivo por ello. Antes de entrar, mientras esperábamos en fila, unos niños se pasearon con cestas repartiendo, a todos los veteranos que allí se encontraban, amapolas rojas de papel, ya que esta flor es el símbolo de la memoria de todas las víctimas militares y de conflictos armados civiles desde 1914. Durante el concierto, actuaron los coros y las bandas tanto del instituto como de los niños más pequeños, y el Bookcliff Barbershop Harmony Chorus, un coro de señores mayores que se ofreció a participar. Sin duda mi parte favorita fue el final, cuando todos juntos interpretaron los himnos de cada una de las ramas de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (el Cuerpo de Marines, la Armada, la Fuerza Aérea...) y, cuando cada uno sonaba, los veteranos que habían formado parte de ellas se levantaban de sus sillas recibiendo el aplauso de todo el público. Honestamente, me pareció un acto súper bonito, emotivo y respetuoso.


El viernes, después de una pequeña reunión de equipo con los entrenadores, tuve mi primer entrenamiento oficial. Me alegra mucho volver a la rutina del deporte, porque estas últimas semanas han sido un comer y no parar, y también estoy muy ilusionada con respecto a la temporada, ya que me gustan mucho los entrenadores y su forma de enfocarla.

El resto del fin de semana fue de descanso y muchos deberes, ya que nos han empezado a mandar bastantes proyectos de distintas asignaturas. Hoy, domingo, he salido para hacer algunas compras para baloncesto, pero eso ha sido todo.

Las clases ya transcurren con mucha rutina: en Teatro seguimos preparando la obra, que representaremos en enero y en Literatura Americana estamos escribiendo una tesis y leyendo algunos ensayos de Emerson. Filosofía, donde estamos leyendo la República  de Platón, sigue siendo mi asignatura favorita, en parte gracias al pedazo profesor que tenemos. Mitología, que ahora es Mitología Nórdica, se basa mucho en trabajo en grupo, debatir y representar los mitos que leemos; y, finalmente, en Periodismo estamos empezando a ultimar el periódico de este cuarto. El resto de asignaturas (Latín, Historia y Francés) también me gustan pero no hay nada en especial que destacar de ellas.

La verdad es que hasta a mí se me hace extraña lo corta que ha quedado esta entrada, pero la semana en general ha sido de mucha normalidad, sin mayores eventos. La que viene ya es la última antes de las vacaciones de Acción de Gracias y estoy segura de que vendrá más cargada.

¡Hasta la próxima semana! ❤️

5/11/17

(+105) HALLOWEEN

15:00 0 Comments


Y, de repente, la cifra de "cuenta adelante" ya supera los dos números, lo cual significa que dejo atrás el primer tercio de mi año aquí y me meto de lleno en la mitad de la experiencia. Lo cual también significa que en unos cincuenta días estaré en el ecuador y que, en otros cien, será la cifra de "cuenta atrás" la que pase a tener dos números. Y es que es increíble cómo el tiempo puede volar.

Y este es el momento en el que una empieza a darse cuenta de cuánto va a echar de menos muchas de las cosas que la rodean, y de cómo esta experiencia tiene esa parte tan agridulce que no hay solución que se le pueda dar.

Es el momento en el que os puedo decir con mayúsculas que estoy disfrutando cada instante de este año, tanto en el colegio como en casa, y que estoy sintiendo como el tiempo vuela delante de mí sin poder hacer nada al respecto. Es un momento de plantearme todo lo que quiero hacer en el futuro y de darme cuenta de que nada es eterno, que en menos de 70 días tendré diecisiete años, en año y medio me graduaré, y de que lo que viene después hasta se me hace grande, aunque tengo claro que después de esto prácticamente nada lo va a ser.

Cuando me senté en el asiento del avión que me trajo a Colorado, abrí la aplicación de "cuenta atrás", y las lágrimas que ya llevaban minutos cayendo se multiplicaron al ver algo parecido a 320. Ahora, con una cifra que pronto pasará a ser ciento y pico, también he sentido cierta tristeza al abrir esa aplicación, pero el motivo ya no ha sido el mismo.

Si eso de lo que tanto hablaban nunca me lo había creído del todo, ahora solo puedo decir que es 100% real: esta experiencia me ha hecho querer mi hogar y mi gente más de lo que podría quererlo nunca sin haberme ido, pero también me ha dado lo que se está convirtiendo en hogar al otro lado del charco, un hogar que ya sé que voy a echar de menos. Y es que me encantaría poder compaginar ambos, pero quizás lo bonito de esto es que es breve, es efímero y vuela; sabemos desde el principio que tiene un punto y final, y probablemente ese es el ingrediente que lo hace tan especial. Y para qué mentir, por mucho que vaya a doler, no podría querer más el hogar que sé que me va a estar esperando en cuanto aviste el Puente de Rande sobre la ría desde el avión.

Y después de esta reflexión tan profunda, que ya tocaba, empecemos con la semana:



El martes fue Halloween, por fin, y la verdad que es tal cual nos lo imaginamos gracias a las películas. Después de ir a clase y de hacer los deberes, nos preparamos para ir a hacer truco o trato. Yo me disfracé de bufona (no veáis el panorama cada vez que me preguntaban de qué iba disfrazada, porque no sabía cómo explicarlo), y Hailey, una de mis host sisters, me maquilló, ya que yo siempre he sido y seré nula para las artes cosméticas.

Los primeros niños empezaron entonces a timbrar, y pude escuchar los primeros "trick or treat" de la noche. Una vez preparadas, yo y mis dos host sisters mayores, con las fundas de almohada que usamos como bolsas, salimos a la calle. Aunque muchas de las zonas por las que fuimos estaban desiertas, la nuestra y las más cercanas a ella estaban plagadas de niños queriendo llenar sus sacos de caramelos. Había casas totalmente decoradas, e incluso mucha de la gente que daba chuches estaba disfrazada; incluso varias de las personas que no estarían en casa esa noche dejaron un bol con caramelos para que los pudiésemos coger. Nunca me imaginé que la gente participase tanto en esto, pero sí, desde bebés hasta ancianos, a todos les parece encantar esta tradición.


Como os podéis imaginar, esta semana ha sido una lluvia de azúcar: entre esas ochenta y pico chucherías, no sé cuántos cupcakes que nos dieron en el colegio, y otras tantas chocolatinas que también cayeron, he conocido la parte más calórica de América. Porque no, la cabalgata de Reyes no es nada comparado con esto.

El jueves por la noche tuvimos Club de Francés, y este mes tocó ver Los Miserables. A pesar de ser muy larga, la verdad es que me encantó, y hay que reconocer que la banda sonora es una pasada.

Si hay algo que me encanta desde que soy pequeña es la papelería: arrasaba con esa sección de los chinos, y buena prueba de ello son los cajones de mi habitación, llenos de agendas, lápices y demás cosas que nunca llegaré a utilizar. Resulta que había una tienda de material de oficina que estaba liquidando, por lo que allá nos fuimos el viernes por la mañana. Evidentemente, con esos descuentos que tenían y rodeada de tanta papelería, fue mi perdición; pero quedé súper contenta con las cosas que compré, sobre todo con la mochila, que es preciosísima.


Por la tarde, tuvimos la entrega de premios de volleyball y el resto de deportes de otoño del instituto: cross country (que se puede describir como correr por el medio del monte) y fútbol (el de verdad). Yo, como miembro del equipo JV, conseguí un diploma que, como no, me hizo mucha ilusión.

Después nos cambiamos y, tras un par de semanas, me puse las rodilleras de nuevo. Jugamos un par de sets contra los profesores y los chicos del equipo de fútbol, y, aunque fue gracias a unas cuantas trampas con el marcador, ya que quien lo manejaba estaba de nuestra parte, les ganamos a ambos.

Después de esto, y totalmente de imprevisto, jugamos al fútbol. Creo que ya lo he mencionado en alguna entrada, pero aquí no es nada con lo que es para nosotros en Europa, y para qué mentiros, los americanos hacen muchas cosas bien, pero este deporte no es lo suyo. Aún así, lo pasamos realmente bien y nos reímos un rato largo, sobre todo cuando a la pelota le salió un bollo enorme por uno de los lados y, aún así, seguimos jugando. Como no, por si la semana no había sido suficientemente azucarada, también hubo tarta.


El viernes por la mañana fuimos a la Holy Family Christmas Craft Fair: un mercadillo de artesanía, mucha de ella ya navideña, que organizaba un colegio católico de la ciudad. Tenían cosas preciosas y muchísima variedad de puestecillos, y a mí me encantó. Soy una persona muy navideña, por lo que me hace muchísima ilusión empezar a ver todo ya preparado a falta de mes y medio; nada más terminar Halloween, ya han empezado con esto, y es que no podemos olvidar que este el país del consumismo.

Tras esto, fuimos a hacer compras y comimos en Sam's Club, que es un supermercado (más bien una nave) enorme que diría que vende todo al por mayor, en cantidades enormes.


El resto del fin de semana ha sido muy tranquilo, y la semana que me espera parece bastante interesante. Es una locura, pero será la quinta del segundo cuarto, es decir, la mitad: de locos, como ya os dije. También voy a empezar baloncesto, aunque todavía no de lleno, lo cual me hace no sentirme tan mal por todo el azúcar que he metido pa' el cuerpo estos últimos días.

He leído este texto en la cuenta de Instagram de una chica (@meryturielsantos) y creo que le viene de perlas a la entrada de hoy, para explicar lo que os quería decir al principio, así que concluyo con él:

Dice Sabina que al lugar donde fuiste feliz no deberías tratar de volver. Y no seré yo quien contradiga las palabras de un maestro. Creo que hay experiencias que están destinadas a quedarse en nuestro recuerdo como perfectas, especiales. Algunas intuyes que serán así, y otras simplemente te sorprenden. Por el momento, por la situación, por las personas con ls que las compartes.
Y sabes que no se volverán a repetir de la misma manera. Que alcanzaste el cielo de la felicidad en esa ciudad con esa gente. Que le debes el recuerdo de lo vivido sin empeñar lo que has sentido. Y atesoras ciudades, personas e historias en tu memoria, momentos en los que fuiste muy feliz sin ser plenamente. consciente de ello. Y volverás, claro que lo harás, revivirás historias pero serás una persona diferente. Y pienso que es algo un poco triste. Como cuando lees un libro que te sacude el alma por primera vez, que te atrapa e inspira. Lo leerás una segunda vez, y otra vez. Y otra vez. Sabes que ninguna será como la primera. Pero siempre tendrás el recuerdo de cómo te sentiste en aquel momento.
Guárdalos. Para ti. Para siempre. No tienen precio.  
Tan solo me parece que encaja muy bien con lo que os quería contar, aunque me doy cuenta de que suena ya muy a final. Pero todavía no chicos, aún me quedan unos cuantos meses (un feixe deles) por las Américas.

¡Hasta la próxima semana! ❤️


29/10/17

(+98) HALLOWEEN IS COMING!

12:02 0 Comments



La semana empezó fuerte: con un examen de mitología y otro sobre el libro The Scarlet Letter, y este último se merece que hable de él porque fue épico: lo empecé el lunes y lo acabé el miércoles; como leéis: me llevó tres horas de clase, dos comidas y dos estudios. Y verdaderamente era muy largo e imposible de terminar en una clase, pero a ver en qué instituto de España nos dejan hacer un examen en varios días, pudiendo buscar más información entre ellos. Si es que estos americanos son muy poco pillos para estas cosas, y yo de verdad que aún no me lo explico. Pero oye, no me quejo, yo encantada.

También tuvimos un simulacro de incendios, porque al parecer el de la semana pasada había sido real y es que, aunque no me enteré muy bien, algo pasó con unos huevos que se estaban cocinando. No conseguí una historia lógica sobre lo que había pasado, así que ni le di más vueltas.

El lunes después de clase fuimos a la famosa tienda de Halloween de la que ya he hablado mil millones de veces (realmente solo un par, pero ya me entendéis). Allí, busqué mi disfraz para History Day, del que os hablaré cuando lleguemos al jueves; además, aproveché y me compré uno para Halloween, pero os dejaré con la intriga hasta la semana que viene.

El martes, el equipo de Varsity jugaba su pig tail game, en el que se disputaban seguir jugando o dar por terminada su temporada ahí. Fue una pena, pero perdimos, y el árbitro no fue del todo justo con ciertas cosas, por lo que dio mucha rabia. Para ello, tuvimos que salir del cole al mediodía y conducir hasta Hayden, a unas tres horas de Grand Junction, donde ya habíamos jugado a finales del mes pasado. El trayecto se hizo largo, pero hubo una gran alegría de por medio, y es que encontré patatas Lays de Mac and Cheese, la que ya es mi comida favorita americana; también pude ver las primeras zonas de nieve, y es que en la sombra había rincones cubiertos de ella, y ya voy asimilando que en cuestión de días o, como máximo, semanas, nos despertaremos con ella en la puerta de casa.


Al acabar, como ya habíamos hecho la otra vez, fuimos a cenar a Pizza Hut y, como no, volvimos a conseguir los palitos de canela gratis. Llegamos a casa ya de noche, pero como había podido terminar los deberes mientras jugaban, me fui directa a la cama.


El miércoles después de clase fuimos a buscar las últimas cosas para el jueves, cuando fue History Day: esto es un día especial que hacen en el colegio dos veces al año, y en el que cada curso se tiene que disfrazar de algo que se les asigna, y que, lógicamente, tiene algo que ver con Historia. Los juniors, mi curso, nos tuvimos que disfrazar de indios americanos.

El día empezó con clase de teatro, como siempre, pero la interrumpimos para, como se hace cada último jueves de mes, ir a ver la ceremonia de izada de bandera. A las ocho todos los alumnos del instituto fuimos al gimnasio y allí empezó la "pasarela de moda": cada curso desfilaba delante de un jurado que, al terminar, daba unos premios. Al acabar dejaron una media hora con música para que bailásemos (bailasen, porque yo no bailo) y luego volvimos a las clases. 

Lo primero que hicimos fue una actividad en la que teníamos que buscar oro entre la arena de un río de por aquí, ya que es algo por lo que se caracteriza este estado. Después nos dieron una mini charla sobre arcos y flechas y luego vino mi parte favorita: organizaron un juego que no podíamos empezar hasta resolver un acertijo y, una vez comenzado, teníamos que construir totems con nubes, vainilla de untar, pretzels y gominolas, y resolver más adivinanzas para que nos diesen más materiales; después, también teniendo acertijos, tuvimos que representar ciertas palabras con esos alimentos y que los otros equipos las adivinasen.

Al final de esta actividad tuvimos la comida, que fue un poco decepcionante: había costado 7 dólares y, aunque era de Chick-Fil-A, consistía solo en ocho nuggets, una macedonia, una galleta y un vaso de refresco. Imaginaos mi estómago rugiendo.

Después fuimos con la profesora de Literatura Americana a jugar al Kahoot, al que ya había jugado en mi colegio en España. Aunque al principio las preguntas eran sobre los libros que habíamos leído, luego lo hicimos de pop, rock y música Disney, por lo que se hizo muy divertido.

Lo último del día consistió en volver al gimnasio y ver la proyección de los vídeos que algunos alumnos montaron. La verdad es que estaban súper cerrados y fueron muy graciosos.

Por la tarde tuvimos la última cena de equipo. Fue en casa de Sophia y, como su padre es el dueño de Pablo's, la mejor pizzería de la ciudad, pudimos tomar tanta pizza como quisimos (¡y había pizza de Mac and Cheese!). Lo pasamos muy bien: después de cenar hicimos smores en le hoguera y jugamos al escondite alrededor de toda su finca, y era de noche, por lo que fue súper divertido. En general, y sin exagerar, creo que este fue uno de los días en los que mejor me lo he pasado desde que llegué a América.


El sábado por la mañana surgió un plan imprevisto. Aunque quizás las pueda entender para defensa personal, con mucho control, no me gustan las armas; pero es algo que he tenido que aprender a respetar porque es parte de la cultura aquí, y no es de extrañar estar en el instituto y escuchar a la gente hablar de como hasta las compran online. Habiéndome criado en una cultura tan diferente en este tema, aún me es complicado. Se me presentó la oportunidad de ir a un campo de tiro, lo cual es algo que solo podría hacer aquí, por lo que la tomé y fui con mi host dad y la mayor de mis host sisters. No quiero llegar a España y arrepentirme de no haber probado algo que podría haber hecho, por lo que estoy diciendo que sí a todo lo que se me presenta y es nuevo.

Al margen de eso, nunca pasé más frío en toda mi vida más que esa mañana, y no estoy exagerando. La temperatura tampoco era para tanto, unos cero grados, pero entre el viento y la altura, las dos sudadera que llevaba no hicieron nada. Y os puedo asegurar que soy de todo menos friolera.

Después de comer fuimos a Walmart a por nuestras calabazas. La verdad es que tenían cientos de ellas para escoger, y aún nos llevó un tiempo decidirnos.



Por la tarde fuimos a Bananas Fun Park, que es una mezcla entre un local de recreativos y un parque de atracciones, y la verdad que es una chulada de sitio. Lo primero que hicimos fue, con unas monedas llamadas tokens que tuvimos que comprar, jugar a los recreativos que había: en ellos podías conseguir tickets para luego canjearlos por premios, y, aunque solo gané 308, conseguí una botellita divina. También jugamos al minigolf, a un laberinto láser y a las pistolas láser, lo cual hicimos con muchos compañeros de instituto que estaban allí y fue súper divertido.


Al terminar fuimos a QDOBA, un local de, como no, comida mejicana. 


El sábado por la mañana tallamos nuestras calabazas. Aquí tienen unas cosas muy chulas para hacerlo: son unos libros que vienen con herramientas y varias plantillas con distintos diseños, algo que nunca había visto en España. Me llevó como unas tres horas hacerla porque solo a mí se me ocurre escoger un diseño que tiene letras en él, pero bueno, ahora ya sé lo que no hacer el año que viene; aún así, a pesar de que algunas "E"s parecen más patatas que letras, quedé contenta con el resultado.



Por la tarde, después de ver la película de Hannah Montana por octogésima vez en mi vida (y me sigue encantando tanto como la primera), volvimos a ir a la universidad para ver el partido de volleyball. Esta vez, milagrosamente, no compré nada, pero no creo que se vuelva a repetir porque ya he fichado un par de camisetas que son preciosas. Al terminar fuimos a Sonic y, como ya es habitual, me tomé un sundae cubierto de chocolate.

Por la noche, al llegar a casa, encendimos todas nuestras calabazas y las dejamos en la entrada de la casa.


Y así terminó mi semana, en la que ya se han cumplido tres meses desde mi llegada, y en la que noto que estoy disfrutando muchísimo estos días. Empiezo esta que viene con muchas ganas, porque pinta muy bien y me ilusiona mucho vivir mi primer Halloween americano (aunque, por primera vez en años, tenga que ir a clase al día siguiente).

¡Hasta la próxima semana! ❤️







22/10/17

(+91) PRIMERAS ÚLTIMAS VECES

14:29 0 Comments



En cuanto al colegio, la semana en general transcurrió con normalidad, volviendo a la rutina después de 10 días de descanso. Una de las cosas más curiosas que puedo destacar fue que, para las presentaciones que estamos haciendo sobre La Letra Escarlata, libro que acabamos de terminar y que me ha encantado, nos dan bastante libertad en cuanto al formato, y muestra de ello fue que, el martes, una de mis compañeras la hizo al piano: compuso una canción y nos la tocó, y la verdad es que es una pasada lo bien que lo hizo. Otro par de cosas diferentes fueron el simulacro de incendios que tuvimos el jueves, que duró unos cinco minutos, o como en Mitología el jueves jugamos a algo llamado Jeopardy!, que es un concurso televisivo muy famoso aquí y que, por lo que he leído, tuvo su versión española en 2007 presentado por Sobera, pero lo dejaron de emitir a los tres meses. 

Si el frío ya se hace notar, esto es solo la pretemporada, porque me voy a tener que acostumbrar a temperaturas bajo cero y a llevar cientos de capas de ropa. Las chaquetas que traje de España son rebequitas aquí en invierno, por lo que el lunes después del entrenamiento fui a comprar un buen abrigo. Y, aunque son muy caros aquí, encontré una rebaja bastante buena, por lo que, como no, también cayeron unas botitas.

El martes tuvimos partido en Cedaredge, un sitio no muy lejos de aquí. El trayecto tendría que haber sido más corto, pero nuestro "Suburban" (Chevrolet de tres filas) decidió que no tenía suficiente aceite, por lo que tuvimos que cambiarnos todas de coche a uno mucho más grande al poco de arrancar. Aún así, llegamos a tiempo para calentar antes del partido, aunque perdimos.
El jueves tuvimos nuestro último partido en casa, por lo que fue Senior Night, noche (o lo que en América llaman noche, que pueden ser las 5 de la tarde) en la que homenajean a los estudiantes de último curso y que, por tanto, están despidiéndose del equipo. En nuestro caso, fueron Torey y Nia, las dos únicas seniors que juegan con nosotras, por lo que antes del partido de Varsity, les entregamos las cartas que les escribimos todas y dieron unos pequeños discursos, en los que se centraron mucho en sus padres, ya que aquí, por lo que he visto y basándome en mi entorno, aunque los adolescentes no tienen una vida social tan aislada de sus familias mientras son menores de edad como en España,  hay un gran distanciamiento, de golpe, una vez que van a la universidad y se independizan, y en general este solo se va haciendo mayor a medida empiezan a formar una familia, pero esto es su ley de vida y lo tienen perfectamente asumido; creo que algún día haré una entrada hablando de cosas que son muy distintas aquí, y aunque esto se me hace muy difícil de explicar, y pensaréis que no es diferente a como ocurre allí, no tiene nada que ver con como suele pasar en España.

Al volver a casa, cenamos comida de una cadena que aquí adoran y que yo llevaba ya tiempo con ganas de probar: Chick-Fil-A. Y, en fin, solo decir que espero que la lleven pronto a España, porque no sé que hacemos con KFC si podemos tener esto.


El viernes después de hacer algunos deberes por la mañana, nos dirigimos a Debeque, donde el instituto celebraba su "pink out game" y el que para nosotras era el último partido de la temporada ordinaria, y, por tanto, el último para la mayoría de las chicas que estamos en JV. 



Aunque les habíamos ganado en la ida, perdimos esta vuelta (¡pude ser capitana!); pero eso no fue lo más significativo para mí de ese día. Al terminar los partidos, y después de la charla de las entrenadoras en el vestuario, les di las cartas de agradecimiento que les había escrito a cada una. Si algo he aprendido en estos casi tres meses es que es muy importante decirle a la gente cuánto han significado para uno o, en mi caso, cuánto me han ayudado. Porque ya sabéis de sobra que mis primeras semanas aquí fueron muy duras, y que, si a la intensidad de los entrenamientos que, para mí, acostumbrada a hacer mucho menos deporte, ya me abrumaba, le sumamos el estado emocional en el que estaba, os puedo asegurar que había entrenamientos en los que solo quería llorar, en los que me agachaba a por una pelota y casi se me salían las lágrimas; pero todos esos viajes, partidos, cenas de equipo, etc. me fueron de muchísima ayuda a la hora de darme tiempo, de esperar y tener la esperanza de que iba a mejorar. Y mejoró: como estoy ahora mismo no tiene ni punto de comparación con el principio, y en parte ha sido gracias al volleyball, un deporte que, además de haberme acabado encantando, me ha aportado amigas y me ha hecho sentir como algo más que una estudiante de intercambio en ese equipo. Pero, por mucho que cueste asumirlo, mi experiencia aquí se basa en primeras veces que a la vez son últimas, y de presentaciones que serán despedidas en mucho menos tiempo del que me espero, y, aunque, por mi bien, me tengo que ir acostumbrando, esta fue mi primera gran última vez y fue bastante triste, porque, aunque las voy a seguir viendo todos los días, soy consciente de que hay muchos momentos que no voy a vivir otra vez. Y supongo que esto es uno de los mayores sabores agrios que deja esta experiencia: saber que no va a haber segundas veces.


El sábado fue uno de esos días que me gustan, de hacer muchas cosas. El programa de becas nos exige ciertas horas de voluntariado durante este año y, aunque un poco tarde, yo empecé las mías durante el Fall Festival (festival de otoño) que se celebraba en el colegio. Aún así, antes pude ver como quedó la bota que pinté durante fall break, después de que la barnizasen y preparasen, y la verdad es que me encanta el resultado.



A las once fuimos a ayudar a montar todo y, aunque lo previsto era hacer eso hasta las tres, después de una hora ya no había nada más que hacer, por lo que volvimos a casa, lo cual me vino muy bien a la hora de adelantar los deberes de Filosofía: estamos leyendo La República de Platón y, honestamente, tanto el libro como la clase me están exprimiendo el cerebro, pero supongo que ese es uno de los motivos por el que es mi favorita. 

Poco antes de las tres volvimos, ya que a Paige y a mí nos tocaba empezar el voluntariado: consistió en ayudar con los puestos en los que los niños podían jugar para conseguir tickets que, más tarde, podían canjear por regalos.

Los puestos en los que ayudamos fueron:
- Lollipop tree: en el que los niños tenían que escoger un Chupa-Chups y, dependiendo del color del palo, conseguían uno, dos o tres tickets.
- Plinko booth: en el que, jugando al plinko, podían conseguir más tickets o caramelos,

Después de estos dos tuvimos un descanso de media hora en el que pudimos tomar una hamburguesa, Doritos y, atención, Fanta de fresa, que está buenísima. Después seguimos con los siguientes:

- Stand the bottle: este era muy complicado, y los niños tenían que levantar la botella con una especie de caña (realmente era un palo de la fregona) que tenía un aro atado.
- Bean bag toss: básicamente tenían que lanzar bolsitas de legumbres y encestar.
- Soda pop toss: este fue mi favorito (en parte porque me llevé refrescos por la cara), y en él tenían que hacer aterrizar céntimos en las bases de las latas para poder quedárselas.


Al terminar fuimos a la universidad para ver, como el mes pasado, un partido de volleyball. La verdad es que me encanta ir: hay un ambiente muy bueno y tienen una tienda con camisetas divinas en la que siempre me arruino. Además, el bote de las palomitas era como el de las pelis y en fin, yo para esas cosas tengo cinco años.

Al acabar fuimos a cenar a Costa Vida: un sitio de comida, como no, mejicana. La decoración era preciosa, y mi quesadilla estaba riquísima, o sea que fue una buena manera de terminar el día.



También os comento que algo que me hacía mucha ilusión hacer era montar vídeo-resúmenes de cada mes pero, para qué mentir, no tengo muchísimo tiempo y es algo a lo que me gustaría dedicarle bastante, para que estuviesen bien currados; por tanto, lo más probable es que, a lo largo del año que viene, los vaya montando y subiendo, lo cual también me servirá a mí para no olvidar detalle de esta experiencia.

En clase de Mitología hemos pasado de la griega y romana (con la que ya estaba un poco familiarizada) a la nórdica (vikingos básicamente), y la verdad es que no es lo más sencillo del mundo. Con un examen mañana que me tiene medio asustada, termino aquí la entrada porque, aunque ya he estudiado, todavía le quiero dar otro repaso.

¡Hasta la semana que viene! ❤️