20/8/17

(+27) IF YOU TAKE AWAY THE LOWS, YOU WON'T EXPERIENCE THE HIGHS

18:49 0 Comments



Tercera semana de colegio y ya voy pillando el ritmo: las clases se pasan más rápido, sé lo que tengo que hacer y me voy ubicando en todas las asignaturas.

Lo más destacable de las clases fue que el miércoles y jueves, durante la hora de estudio, algunos de los alumnos de Periodismo nos ofrecimos voluntarios para ayudar a un profesor a montar un vídeo para un campamento que quieren organizar. Lo único que tuve que hacer fue sujetar unos carteles mientras las personas iban leyendo el texto pero, aparte de destrozarme los brazos, me lo pasé bastante bien.

El lunes empezaron oficialmente los entrenamientos de volleyball y, para motivarnos, una de nuestras entrenadoras nos dio a cada una una cajita de chicles con un mensaje y la palabra de la semana: "entusiasmo". Lo estaréis leyendo y pensaréis "qué tontería", pero no, se toman muy en serio el trabajo en grupo, se animan unas a las otras constantemente y se esfuerzan un montón en crear una buena armonía en el equipo; de hecho, lo pude vivir en primera persona: cada miércoles vamos a dedicar una hora al "fitness assessment", anotando nuestros resultados y viendo si evolucionamos semana a semana. La cosa es que tenía que correr una milla: si me conocéis bien, sabréis que yo me ahogo hasta después de bajar corriendo unas escaleras y, como no, cuando ya todas habían acabado, yo seguía corriendo (más bien andando) en el campo; en ese momento, una de las chicas, que ya había acabado su recorrido, vino a junto mía e hizo conmigo el último tramo; pero no solo fue ella: se le sumó el resto del equipo corriendo al lado mía. Y diréis: "Alessandra, eso ha sido patético". Y lo fue, pero ya que tengo asumido que no puedo correr más rápido, digamos que fue muy emotivo y pude ver la definición de "equipo" más clara que nunca.


El jueves el entrenamiento fue un poco más duro justo después de enterarme del atentado. Incluso a kilómetros de distancia, estas cosas siempre me han afectado mucho, y no pude quitar mi cabeza de España hasta que llegué a casa y pude ver todas las noticias.

Después del atracón de noticias, y obligándome a parar, porque leer todo aquello no estaba ayudando,  empezamos a ver la película Belleza oculta, pero el sueño hizo estragos y la dejamos por la mitad.


El viernes me levanté bastante temprano y, después de acabar La Bella y la Bestia, empecé la mañana de deberes.

Por la tarde, después del entrenamiento (porque aquí no tendrán clase los viernes, pero el deporte no lo perdonan), tuvimos nuestra primera cena de equipo en casa de Katie, una de mis compañeras. Tendremos una cada semana, y la verdad que fue muy entretenida: después de una cena mejicana, las entrenadoras nos dieron varios papeles y lecturas para nuestro archivador, que, como ya dije antes, es básicamente para mantenernos motivadas. La verdad es que estoy muy contenta de haberme metido en el equipo: a pesar de agotarme, todas las compañeras son majísimas y estoy segura de que muchos de los mejores recuerdos los tendré con esas chicas.

Al llegar a casa volví a jugar a la Wii: hacía años que no jugaba, y una partida al Mario Bros sentó muy bien. Unas canastas después, y tras terminar Belleza oculta, nos fuimos a la cama.



El sábado, aparte de más deberes, fue día de bolera. Ni siquiera hice un semipleno, pero me lo pasé muy bien. Me esperaba un sitio algo más diferente a la de España, pero parece ser que las boleras son iguales en todas las partes del mundo. Pero lo dicho, me divertí mucho.

El domingo no fue como de costumbre: la familia de Sara, la estudiante de intercambio italiana, me invitó a ir con ellos a Glenwood Caverns Adventure Park, un parque de atracciones en medio de las montañas. Dicho y hecho, allá me fui. Después de una hora y media de viaje llegamos y subimos hasta el parque en teleférico (aquí el nombre para esto es "góndola" o sea que podéis imaginaros mi cara cuando me dijeron que íbamos a subir las montañas en góndola).

Anna, Ashleigh, Sara y yo.


Nada más llegar, fuimos a la atracción más fuerte: solo decir que nunca se imaginaron que unas europeas pudiesen gritar tanto. Pero fue una pasada.



Después de una caída libre, pudimos comer y sacarnos fotos con un vaquero que andaba por allí y sus pistolas (sí, eran de verdad).


El resto del día se basó en muchas más atracciones, teatro en vivo, batalla de pistolas láser, un corto de Happy Feet en 4D en el que hasta nos salpicaron con agua y mi primer "snow cone": literalmente, es un cono de nieve y, aunque yo pensase que se iba a parecer más a un granizado, no, es literalmente como comer nieve.


Agotadas, volvimos a Grand Junction, y después de unas cuantas partidas al Mario Kart y un buen plato de Mac and Cheese (que ya se ha convertido en mi comida americana favorita), aquí estoy otro domingo más, con una semana bastante ajetreada por delante.

Esta vez me despido con e título de esta entrada: algo que dijo mi profesor de Filosofía el otro día en clase y que tuve que correr a anotar en la agenda...

"If you take away the lows, you won't experience the highs"



Que es algo así como: "si eliminamos los momentos bajos no experimentaremos los altos".

De momento, de mis profesores favoritos.

¡Hasta la semana que viene! ❤️






























13/8/17

(+20) SOLO NOS ARREPENTIMOS DE LAS OPORTUNIDADES QUE NO APROVECHAMOS

16:07 0 Comments


¡Hola otra vez!

Un domingo más, aquí estoy.

Lo que es en sí la semana transcurrió de manera muy parecida: clase hasta las tres y luego dos horas de entrenamiento de volleyball.

El lunes después de la rutina y unos cuantos kilos de deberes, fuimos a tomar un helado al centro comercial. Me llevaron a un sitio donde, si girabas el helado y caía al suelo, te daban otro gratis; evidentemente, y no sé cómo, no cayó. Eso sí, no me lo pude acabar: el tamaño de la comida aquí es exagerado, incluso para mí. A la vuelta pudimos ver, con la puesta del sol de fondo, el lugar donde se hacen los rodeos, aunque en ese momento solo estaban dando una clase sobre cómo montar a caballo, pero me encantó estar ahí.


En teatro hemos empezado a leer una obra de Shakespeare, he tenido ya unos cuantos exámenes y Francés, Filosofía y Periodismo son sin duda mis asignaturas favoritas aquí. Deberíamos adoptar en España esto de hacer un periódico escolar: los alumnos aquí se involucran un montonazo y todo el mundo respeta mucho el trabajo que hacen, incluso los llaman "periodistas". Probablemente haga una entrada algún día hablando sobre cómo es mi instituto, las clases, y los profesores, porque sin duda es muy curioso.

El resto de los días, como ya dije, pasaron sin nada emocionante: muchas horas de deberes y mucho sueño; subidas, bajadas, y no solo mías, porque la otra estudiante de intercambio que está conmigo está en las mismas y el martes no fue un día muy fácil. Quiero poder leer esto en unos años y acordarme exactamente de cómo me sentía en cada momento, no solo quiero recordar lo bueno, ni tampoco quiero pintar esto como un camino de rosas. Este en un gráfico de las etapas que vamos a pasar durante nuestra estancia aquí, o sea que podéis haceros a la idea. Aunque, todo sea dicho, se nota como va mejorando, como poco a poco me voy adaptando y acostumbrando a mi vida americana.



En mi instituto no hay clase los viernes, por lo que, ese día, empezaba mi fin de semana. Después de volleyball tuvimos una reunión para "padres". Allí nos explicaron cómo va a transcurrir la temporada, nos dieron algunos papeles con la filosofía del equipo y varias frases motivadoras, y nos dijeron los horarios de los entrenamientos (no los recuerdo, pero son todavía más horas de las que ya tenía). Cada vez tengo más claro que lo de volver rodando se me va a hacer complicado con tanto deporte.



Después de esto, fuimos al Downtown (el centro de la ciudad), ya que allí se celebraba el Farmer's Market y querían enseñarme cómo era. El sitio en sí es una pasada: tal cual una película. Las calles estaban llenas de muchos puestos de comida, decoración y verduras, y en muchos de ellos te daban muestras gratis (si me conocéis, sabréis que allá donde hay una, yo voy). Tras pasear por la zona y cenar un trozo de pizza, entramos en una tienda de chucherías donde encontré Kinder Buenos: no los habían probado nunca, así que no pude salir de allí sin comprarles unos cuantos. También había Happy Hippos, pero para no dejarme allí media paga, esos los dejo para la próxima.


La mañana del viernes se centró en hacer parte de los muchísimos deberes que tuve este fin de semana. Después de comer, fuimos a comprar todo lo que necesitaba para jugar a volleyball esta temporada (¡ya es oficial!) y alguna que otra cosa más. Como curiosidad, decir que la Fanta Naranja es totalmente diferente a la de España: tanto el color como el sabor son distintos, y casi que me atrevo a decir que me gusta más este.



Después, algunos amigos de Hannah vinieron a casa para ver una película y, mientras tanto, la familia me enseñó a jugar a una especie de chinchón con las cartas de poker. Todo este tiempo, mientras todos llevaban shorts, yo no me pude quitar la manta de encima porque me estaba CONGELANDO, y eso que yo soy de las que se pueden pasar el invierno de manga corta, pero creo que este no va a ser el caso este año.



Después de algunas partidillas de baloncesto y de que solo quedase una de sus amigas, fuimos hasta Sonic para tomar un helado. Como no, tampoco me lo pude acabar (esto del tamaño americano me está dejando hasta sin hambre).


El sábado era el cumpleaños de Tisha, mi host mom, por lo que volvimos al Downtown para comer en un restaurante precioso: con las paredes llenas de matrículas, objetos americanos antiguos y cientos de pósteres decorando el local. Tanto el sitio como mi hamburguesa fueron una pasada.


Después de unos cuantos deberes más, fuimos a casa de unos familiares, ya que íbamos a conocer a Anthony, uno de sus primitos, que nació en marzo de este año. Allí, además de conocer a muchos, y muy majos, familiares, pude vivir mi primera barbacoa americana (y comer más, como no).

Por la noche por fin pude terminar mis deberes y, antes de ir a dormir, vimos la mitad de la nueva película de La Bella y La Bestia.

Los domingos son días tranquilos: de Skype, hacer tareas, escribir el blog y, el de hoy, de estudiar para mi examen de American History de mañana.



Ya lo dije en la entrada anterior, pero desde la distancia todo se aprecia el doble. Hoy mi aldea y su gente, de todas las edades, se merecen una mención especial: por preocuparse tanto por mí, estar disponibles a cualquier hora y ser, sin duda, mi familia. Os quiero de aquí a Mosteiro y vuelta por As Muras ❤️

¡Hasta la semana que viene!














6/8/17

(+13) PRIMEROS DÍAS EN COLORADO Y VUELTA AL COLE

9:35 0 Comments




Alrededor de las cuatro de la tarde, llegué a Grand Junction. Sola ante una pista y rodeada por cañones, pisé Colorado por primera vez.


Caminando como un pato mareado debido a todo lo que llevaba encima, alcancé el aeropuerto en sí, que, por el momento, ha sido el que más bonito me ha parecido de los ya bastantes que he visitado: con su moquetita y sus sillones acolchados, parecía una sala de estar. Tras una confusión inicial porque no sabía dónde ir a recoger mi maleta (porque aquí las recoges en la entrada del aeropuerto, donde cualquier persona, pasajero o no, también la podría coger), vi unos globos asomando por una puerta.

Más ilusionada que nunca, y ya reconociéndolos, abracé a los Moore, la que, después de varios días aquí, puedo decir que es una host family perfecta. Me esperaban con un cartel precioso, muchísimos globos y una sonrisa de oreja a oreja; y os puedo asegurar que, después de un vuelo donde se llora, se piensa y se tiene mucho miedo, eso sienta de fábula.

El paseo en coche hasta casa fue felicidad pura: todo era tal cual como en las series, por no hablar ya del vecindario, que es exactamente como una película de sábado a las cuatro en Antena 3.

Ya en casa, me enseñaron la habitación que comparto con Hannah, y sobra decir que casi me pongo a llorar cuando vi un corcho lleno de fotos de mi familia, amigos, de mi aldea y hasta de Grelo, mi perro. Da gusto acostarse todas las noches mirando hacia los tuyos, y digo mirar porque ver no veo nada una vez que me acuesto, ya sin las lentillas. Pero bueno, hago como que lo veo.

El resto de la tarde transcurrió muy tranquilamente: les di mis regalos, vimos un poco la tele y jugamos al baloncesto en la cancha que tienen a la entrada. Y aunque me hubiera encantado seguir, el cansancio hizo su efecto y me tuve que ir a la cama para que no pensasen que el inglés que sabía consistía en bostezar.


28 de julio

El comienzo de la mañana no pudo ser más americano: todas juntas en la cocina, preparamos pancakes y, a pesar de que ya los había probado, he de admitir que están buenísimos.



Lo que viene después fue un poco caótico: durante todo el día dimos vueltas de aquí para allá para conseguir una tarifa donde los datos me funcionasen en mi iPhone 5s. No fue hasta el día siguiente cuando descubrimos que no: los datos no funcionan en ningún iPhone extranjero menor que el 6. Pero, aunque en un inicio me iban a dejar uno que tenían en casa, la abuela, que es un amor de mujer, no dudó en dejarme su iPhone antiguo estos diez meses. Y aunque aquí lo cuente en un párrafo, fue una comedura de cabeza que duró un par de días.

Después de enseñarme lo que ellos decían que era un pequeño centro comercial (teniendo en cuenta que en este hay dos Starbucks, no me quiero imaginar uno grande), fuimos a casa, donde, entre que intentábamos arreglar lo del móvil, les enseñé a jugar a la escoba, o "broom" como le llamo ahora.



A eso de las nueve,  volvimos al aeropuerto para recoger a Sara, a la que ya había conocido en Nueva York, y quien va a ser la estudiante italiana que vivirá la misma experiencia que yo este año. Allí también conocí a Ashleigh, Olivia y al resto de su host family. Ver lo mismo que había vivido yo el día anterior desde a perspectiva contraria fue algo súper bonito.




Por si el día no había sido suficientemente genial, antes de volver a casa paramos en Freddy's, una cadena de comida rápida americana, para tomar un helado que, aunque decía ser mini, costó terminar (digamos que era un extra grande de cualquier sitio en España).

29 de julio

Fue un día de compras de uniforme y material escolar principalmente y de visitar por primera vez el famoso Walmart (una especie de Alcampo americano, pero mucho más grande e interesante). Y hablando de primeras veces, también probé por primera vez una bebida de Sonic: al más puro estilo americano, sin salir del coche, pedí una limonada de cereza (yo tampoco lo entiendo pero sí, se llama así).


Para cenar, fuimos a uno de los millones de restaurantes mexicanos que hay por aquí. También decir que mi reacción cuando entré y me dijeron "hola" fue para grabarla: nunca me había puesto tan contenta un saludo en mi idioma. Los platos, como no, podrían ser para cuatro personas, pero yo, como amante de la comida, tan contenta con mi enchilada gigante.


Otra vez, lo mejor me esperaba al final. Como si de una peli se tratase, hicimos una hoguera en el jardín e hice, tras unos cuantos intentos, mi primer smore, que es básicamente una nube quemada envuelta en chocolate y galleta.


30 de julio

El domingo fue un día más tranquilito, lo que en parte se agradeció. Por la tarde, fuimos a visitar a la abuela, que vive a un par de minutos andando. Allí, vimos a los pájaros tan simpáticos que tiene, que hasta montan en un camión de bomberos de juguete.


También saltamos en la colchoneta que tienen en el jardín (lo dicho, como una peli):

31 de julio - 3 de agosto



Nerviosísima, empecé el colegio ese lunes. Lo primero que hice fue reunirme con la directora para escoger las asignaturas, que finalmente quedaron en:

TEATRO
LATÍN
LITERATURA AMERICANA
FILOSOFÍA MORAL
HISTORIA AMERICANA
MITOLOGÍA
FRANCÉS
PERIODISMO
(Y MEDIA HORA DE ESTUDIO)

Todas estas tardes se resumieron en muchísimos deberes. El martes y el miércoles tuve una especie de "entrenamientos" de volley de tres a cinco y el jueves tuve que pasar una prueba médica.

A todos los que decían que no iba a hacer nada en América, decirles que he hecho más deberes esta semana que cualquier mes en España.



4 de agosto

En mi instituto los viernes no hay clase, por tanto era el primer día del fin de semana. Por la mañana. les acompañé a hacer algunas compras, cosa que me encanta hacer porque aquí cada tienda es un mundo. Mejor dejo las fotos, que casi hablan por sí solas.

Después fuimos a comer a Jimmy John's, donde básicamente comí un bocata de jamón y queso, pero el sitio merecía ser visitado.


Por la tarde, fuimos a tomar un helado a un sitio donde los hacen naturales, de sus propias vacas. Después, al llegar a casa, hicimos cookies. He de decir que, por lo que pinta, al final del año seré una repostera profesional.



5 de agosto

A estas alturas esta entrada se me está haciendo pesada hasta a mí, demasiado larga. Por tanto, para el sábado, cuando fuimos a Grand Mesa, voy a dejar que as fotos cuenten lo que hicimos.



Al volver, terminé la trillonada de deberes que tenía, les volví a acompañar a hacer un par de recados y, por la noche y con tormenta de fondo, vimos Footloose.

6 de agosto


Me lo habían repetido muchas veces: que iba a ser duro y que, a pesar de increíble, no era un año fácil. Y por mucho que lo creyese, no lo sientes hasta que lo vives. Todo el mundo ha sido muy amable conmigo, pero empezar el colegio me ha hecho darme cuenta realmente de todo: de que van a ser 10 meses sin los míos, sin la comodidad, sin mi idioma ni mis lugares. Y es parte del proceso, de esto es de lo que más voy a aprender, estoy segura, pero no estaría siendo 100% sincera si dijese que los primeros días no son duros, que ocho horas de diferencia horaria no duelen; también estoy apreciando todo lo que tengo allí mucho más que nunca y que echo de menos texturas, sonidos e incluso olores. Echo de menos subir al piso de arriba y tener a los míos, y espero haber aprendido a valorarlo.

Los sentimientos van como una montaña rusa, incluso escribiendo esta entrada han pasado de un extremo a otro. No sé cómo voy a estar dentro de dos horas, y ni siquiera dentro de dos minutos. Pero los momentos de felicidad compensan a los malos, por muy duros que sean.

Dicen que el tiempo acaba volando, y, de momento, me parece que llevo aquí una eternidad, pero, por otra parte, pienso que fue ayer cuando aterricé. 

Sé que en junio, cuando lea esta entrada y ya esté de vuelta en España, me reiré, hasta me cabrearé por sentirme como me siento, pero me siento como me tengo que sentir en este momento. Y cada día se pasa, muy poco a poco, pero se pasa. Y espero poder decir, dentro de poco, que estoy completamente adaptada. Y no penséis que me estoy rindiendo o echando para atrás por mucho que piense "cómo me he complicado la vida". Esto es lo que llevo queriendo hacer desde hace años y no me puedo permitir desperdiciarlo. 

No puedo decepcionar a la niña que veía Hannah Montana y quería vivir en Estados Unidos, ni a aquella que, escuchando High School Musical, quería estudiar en un high school americano. Tampoco puedo decepcionar a la que hace tres años leía blogs de gente viviendo esta experiencia y se moría de envidia por no poder estar aquí, ni tampoco a la que en noviembre se pasó noches intentando calcular el resultado de su examen o a la que rompió a llorar de felicidad en enero al saber que le habían dado la beca.

No puedo decepcionar a mi "yo" en junio, que espera poder mirar atrás y decir: "joder Ales, has cumplido tu sueño".

Estoy muy bien, pero estoy pasando por el proceso que tengo que pasar.

¡Hasta la semana que viene! ❤️


































30/7/17

¡NUEVA YORK! 🗽

12:25 0 Comments


25 de julio

Mi día favorito del año, siempre: día de Galicia, de mi pueblo y de fiesta. Y, sin embargo, yo me iba. Y no me iba triste: me iba a cumplir mi sueño, pero con una mezcla de emociones dentro que no creo que se pueda describir. Sin ser del todo consciente, fui al aeropuerto. Tras un momento un poco de bajón, mis amigos aparecieron en la puerta del baño: se habían disculpado mil veces por no poder ir a despedirme, y ahí estaban, sin fallar, como hacen siempre. La despedida fue dura, para qué mentir, pero me subí a ese avión, aparte de entre lágrimas, muy feliz; feliz porque dejaba aquí a la mejor familia y a los mejores amigos que podría haber pedido nunca, pero consciente también de lo mucho que los iba a echar de menos.

Tras una breve parada en Madrid donde me encontré con las otras gallegas, Elena, y otros estudiantes de FSL, nos despedimos definitivamente de España. El vuelo fue largo y dio para mucho: dormir un poco, pasear, ver dos películas y pensar, pensar mucho. Tras 8 largas horas y muy emocionadas, pisamos América. Cogimos el bus y, con unas vistas impresionantes de la ciudad de Nueva York, nos dirigimos al Doubletree by Hilton en Nueva Jersey. Tras registrarse, coger el paclunch y recibir nuestras camisetas azules, pasamos la noche entre charlas y nervios.



La mañana siguiente se podría resumir en reuniones que repetían lo que ya nos habían dicho en las orientaciones y muchas horas sentados, lo cual agradecí. Con unos bocadillos vegetales del Subway que no me comí (demasiado sanos) una cookie, dos botellas de agua y unas Lays, pusimos rumbo a NYC. Con un guía simpatiquísimo cuyo nombre ni siquiera entendí, pudimos empezar a reconocer algunas calles desde nuestros asientos, pasando por el barrio de Friends, la casa de Hugh Jackman y el resto de ajetreadas calles neoyorquinas. Tras el trayecto, por fin pisamos Nueva York: increíble, tal y como en las películas. La primera visita fue el memorial del 9/11 (lo que nosotros conocemos como el 11S), y el tiempo que estuvimos allí solo se puede describir como emocionante: el guía nos contó como vivió aquel día, como parte de su familia también estaba volando cara a otros destinos, y como escuchó una de los estruendos a través de la llamada con su novia, que vivía al lado. Siempre ha sido un evento que me ha interesado muchísimo, y me encantó vivir en primera persona todas esas emociones. 



Después de esto pudimos subir al One World Trade Center, y ya os podéis imaginar lo increíble que fue. Con la bandera gallega a la espalda, pasamos la media hora que teníamos allí sacando tantas fotos como nos fue posible.

Tras unas cuantas compras, pusimos rumbo al puerto, no sin antes pasar por Wall Street, donde pudimos ver impresionantes edificios tales como el Trump Building o La Bolsa de Nueva York (sitio que, como fan de los telediarios, me encantó ver). 



Una vez al lado del Hudson, subimos en el barco que allí nos esperaba y, después de una cena un tanto cargada de mareos y movimiento, pudimos subir a cubierta. Creo que todos queríamos llorar de la emoción. Las vistas eran espectaculares, el ambiente increíble y la música no hacía más que mejorar el momento. Como no, no faltaron las fotos e, increíblemente por mi parte, hasta los bailes. Con Sinatra de fondo, rodeamos la Estatua de la Libertad, y con diversa música, los españoles y su marcha fueron el objetivo de las cámaras de todos los estudiantes asiáticos.



Agotados, volvimos al hotel, donde nos esperaba otra reunión sobre los vuelos del día siguiente. Con todos los documentos, muchas ganas y muchos nervios, me fui a dormir. El despertador sonaría a las cuatro y media y tendría que estar abajo a las seis, por lo que necesitaba dormir un poco.

Al día siguiente, ya en el aeropuerto de Newark, empezó nuestra aventura. Nos dejaron solos, y creo que para todos fue mucho más fácil de lo que nos esperábamos.

El vuelo a Dallas fue ameno, más largo de lo que esperaba ya que no había contado con el cambio de hora, pero ameno. Molesté al chino de al lado todo lo que quise para enchufar mi móvil y pensé, pensé mucho más de lo que había pensado en todo el viaje. Y dio vértigo, dio vértigo pensar en los 10 meses que tenía por delante y no tener ni idea de cómo serían, dio vértigo pensar en cuánto tiempo iba a estar lejos de los míos y dio vértigo pensar en cómo iba a estar una semana después.

Hasta ese momento había estado con otros estudiantes, pero después de llegar a Texas empezaba realmente la prueba de fuego: una prueba que no fue para nada tan difícil como pensaba. Nada más salir, le pregunté a un chico del aeropuerto por mi puerta de embarque y, sin dudarlo un segundo, me llevó hasta ella en su carrito de golf. Hago un parón aquí para decir que, desde mi experiencia en los aeropuertos, no hay color al comparar la calidez de los tejanos con la impaciencia de los neoyorquinos.

Como buena fan de la música country, estaba muy feliz por estar en Texas, pero más feliz me puse aún cuando entré en la tienda de souvenirs y me encontré con mi música favorita de fondo y unas botas y sombreros de cowboy en frente mía. Fui la persona más feliz del mundo en esa tienda cuya dependienta, como no, también fue amabilísima.




El vuelo a Grand Junction también fue de sueño y reflexión, como es ya costumbre, y de unas vistas impresionantes nada más entrar en el estado de Colorado. Un poco antes de lo esperado, llegué a Grand Junction, la que será mi casa hasta junio del año que viene, pero todo esto lo dejo ya para la siguiente entrada sobre mis primeros, y geniales, primeros días aquí.

Termino esta entrada diciendo que, por fin, he cumplido mi sueño. Y lo que más feliz me hace es que ha sido todo gracias a mi esfuerzo, a mi constancia y a mi empeño. He caminado por las calles de Nueva York, he ido en barco por el río Hudson con Sinatra de fondo, he visto el Empire State de frente, he dormido en un Hilton en Nueva Jersey y he pisado Texas.

Los sueños se cumplen si luchas por ellos.