6/8/17

(+13) PRIMEROS DÍAS EN COLORADO Y VUELTA AL COLE





Alrededor de las cuatro de la tarde, llegué a Grand Junction. Sola ante una pista y rodeada por cañones, pisé Colorado por primera vez.


Caminando como un pato mareado debido a todo lo que llevaba encima, alcancé el aeropuerto en sí, que, por el momento, ha sido el que más bonito me ha parecido de los ya bastantes que he visitado: con su moquetita y sus sillones acolchados, parecía una sala de estar. Tras una confusión inicial porque no sabía dónde ir a recoger mi maleta (porque aquí las recoges en la entrada del aeropuerto, donde cualquier persona, pasajero o no, también la podría coger), vi unos globos asomando por una puerta.

Más ilusionada que nunca, y ya reconociéndolos, abracé a los Moore, la que, después de varios días aquí, puedo decir que es una host family perfecta. Me esperaban con un cartel precioso, muchísimos globos y una sonrisa de oreja a oreja; y os puedo asegurar que, después de un vuelo donde se llora, se piensa y se tiene mucho miedo, eso sienta de fábula.

El paseo en coche hasta casa fue felicidad pura: todo era tal cual como en las series, por no hablar ya del vecindario, que es exactamente como una película de sábado a las cuatro en Antena 3.

Ya en casa, me enseñaron la habitación que comparto con Hannah, y sobra decir que casi me pongo a llorar cuando vi un corcho lleno de fotos de mi familia, amigos, de mi aldea y hasta de Grelo, mi perro. Da gusto acostarse todas las noches mirando hacia los tuyos, y digo mirar porque ver no veo nada una vez que me acuesto, ya sin las lentillas. Pero bueno, hago como que lo veo.

El resto de la tarde transcurrió muy tranquilamente: les di mis regalos, vimos un poco la tele y jugamos al baloncesto en la cancha que tienen a la entrada. Y aunque me hubiera encantado seguir, el cansancio hizo su efecto y me tuve que ir a la cama para que no pensasen que el inglés que sabía consistía en bostezar.


28 de julio

El comienzo de la mañana no pudo ser más americano: todas juntas en la cocina, preparamos pancakes y, a pesar de que ya los había probado, he de admitir que están buenísimos.



Lo que viene después fue un poco caótico: durante todo el día dimos vueltas de aquí para allá para conseguir una tarifa donde los datos me funcionasen en mi iPhone 5s. No fue hasta el día siguiente cuando descubrimos que no: los datos no funcionan en ningún iPhone extranjero menor que el 6. Pero, aunque en un inicio me iban a dejar uno que tenían en casa, la abuela, que es un amor de mujer, no dudó en dejarme su iPhone antiguo estos diez meses. Y aunque aquí lo cuente en un párrafo, fue una comedura de cabeza que duró un par de días.

Después de enseñarme lo que ellos decían que era un pequeño centro comercial (teniendo en cuenta que en este hay dos Starbucks, no me quiero imaginar uno grande), fuimos a casa, donde, entre que intentábamos arreglar lo del móvil, les enseñé a jugar a la escoba, o "broom" como le llamo ahora.



A eso de las nueve,  volvimos al aeropuerto para recoger a Sara, a la que ya había conocido en Nueva York, y quien va a ser la estudiante italiana que vivirá la misma experiencia que yo este año. Allí también conocí a Ashleigh, Olivia y al resto de su host family. Ver lo mismo que había vivido yo el día anterior desde a perspectiva contraria fue algo súper bonito.




Por si el día no había sido suficientemente genial, antes de volver a casa paramos en Freddy's, una cadena de comida rápida americana, para tomar un helado que, aunque decía ser mini, costó terminar (digamos que era un extra grande de cualquier sitio en España).

29 de julio

Fue un día de compras de uniforme y material escolar principalmente y de visitar por primera vez el famoso Walmart (una especie de Alcampo americano, pero mucho más grande e interesante). Y hablando de primeras veces, también probé por primera vez una bebida de Sonic: al más puro estilo americano, sin salir del coche, pedí una limonada de cereza (yo tampoco lo entiendo pero sí, se llama así).


Para cenar, fuimos a uno de los millones de restaurantes mexicanos que hay por aquí. También decir que mi reacción cuando entré y me dijeron "hola" fue para grabarla: nunca me había puesto tan contenta un saludo en mi idioma. Los platos, como no, podrían ser para cuatro personas, pero yo, como amante de la comida, tan contenta con mi enchilada gigante.


Otra vez, lo mejor me esperaba al final. Como si de una peli se tratase, hicimos una hoguera en el jardín e hice, tras unos cuantos intentos, mi primer smore, que es básicamente una nube quemada envuelta en chocolate y galleta.


30 de julio

El domingo fue un día más tranquilito, lo que en parte se agradeció. Por la tarde, fuimos a visitar a la abuela, que vive a un par de minutos andando. Allí, vimos a los pájaros tan simpáticos que tiene, que hasta montan en un camión de bomberos de juguete.


También saltamos en la colchoneta que tienen en el jardín (lo dicho, como una peli):

31 de julio - 3 de agosto



Nerviosísima, empecé el colegio ese lunes. Lo primero que hice fue reunirme con la directora para escoger las asignaturas, que finalmente quedaron en:

TEATRO
LATÍN
LITERATURA AMERICANA
FILOSOFÍA MORAL
HISTORIA AMERICANA
MITOLOGÍA
FRANCÉS
PERIODISMO
(Y MEDIA HORA DE ESTUDIO)

Todas estas tardes se resumieron en muchísimos deberes. El martes y el miércoles tuve una especie de "entrenamientos" de volley de tres a cinco y el jueves tuve que pasar una prueba médica.

A todos los que decían que no iba a hacer nada en América, decirles que he hecho más deberes esta semana que cualquier mes en España.



4 de agosto

En mi instituto los viernes no hay clase, por tanto era el primer día del fin de semana. Por la mañana. les acompañé a hacer algunas compras, cosa que me encanta hacer porque aquí cada tienda es un mundo. Mejor dejo las fotos, que casi hablan por sí solas.

Después fuimos a comer a Jimmy John's, donde básicamente comí un bocata de jamón y queso, pero el sitio merecía ser visitado.


Por la tarde, fuimos a tomar un helado a un sitio donde los hacen naturales, de sus propias vacas. Después, al llegar a casa, hicimos cookies. He de decir que, por lo que pinta, al final del año seré una repostera profesional.



5 de agosto

A estas alturas esta entrada se me está haciendo pesada hasta a mí, demasiado larga. Por tanto, para el sábado, cuando fuimos a Grand Mesa, voy a dejar que as fotos cuenten lo que hicimos.



Al volver, terminé la trillonada de deberes que tenía, les volví a acompañar a hacer un par de recados y, por la noche y con tormenta de fondo, vimos Footloose.

6 de agosto


Me lo habían repetido muchas veces: que iba a ser duro y que, a pesar de increíble, no era un año fácil. Y por mucho que lo creyese, no lo sientes hasta que lo vives. Todo el mundo ha sido muy amable conmigo, pero empezar el colegio me ha hecho darme cuenta realmente de todo: de que van a ser 10 meses sin los míos, sin la comodidad, sin mi idioma ni mis lugares. Y es parte del proceso, de esto es de lo que más voy a aprender, estoy segura, pero no estaría siendo 100% sincera si dijese que los primeros días no son duros, que ocho horas de diferencia horaria no duelen; también estoy apreciando todo lo que tengo allí mucho más que nunca y que echo de menos texturas, sonidos e incluso olores. Echo de menos subir al piso de arriba y tener a los míos, y espero haber aprendido a valorarlo.

Los sentimientos van como una montaña rusa, incluso escribiendo esta entrada han pasado de un extremo a otro. No sé cómo voy a estar dentro de dos horas, y ni siquiera dentro de dos minutos. Pero los momentos de felicidad compensan a los malos, por muy duros que sean.

Dicen que el tiempo acaba volando, y, de momento, me parece que llevo aquí una eternidad, pero, por otra parte, pienso que fue ayer cuando aterricé. 

Sé que en junio, cuando lea esta entrada y ya esté de vuelta en España, me reiré, hasta me cabrearé por sentirme como me siento, pero me siento como me tengo que sentir en este momento. Y cada día se pasa, muy poco a poco, pero se pasa. Y espero poder decir, dentro de poco, que estoy completamente adaptada. Y no penséis que me estoy rindiendo o echando para atrás por mucho que piense "cómo me he complicado la vida". Esto es lo que llevo queriendo hacer desde hace años y no me puedo permitir desperdiciarlo. 

No puedo decepcionar a la niña que veía Hannah Montana y quería vivir en Estados Unidos, ni a aquella que, escuchando High School Musical, quería estudiar en un high school americano. Tampoco puedo decepcionar a la que hace tres años leía blogs de gente viviendo esta experiencia y se moría de envidia por no poder estar aquí, ni tampoco a la que en noviembre se pasó noches intentando calcular el resultado de su examen o a la que rompió a llorar de felicidad en enero al saber que le habían dado la beca.

No puedo decepcionar a mi "yo" en junio, que espera poder mirar atrás y decir: "joder Ales, has cumplido tu sueño".

Estoy muy bien, pero estoy pasando por el proceso que tengo que pasar.

¡Hasta la semana que viene! ❤️


































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