13/8/17

# Mi vida en USA

(+20) SOLO NOS ARREPENTIMOS DE LAS OPORTUNIDADES QUE NO APROVECHAMOS



¡Hola otra vez!

Un domingo más, aquí estoy.

Lo que es en sí la semana transcurrió de manera muy parecida: clase hasta las tres y luego dos horas de entrenamiento de volleyball.

El lunes después de la rutina y unos cuantos kilos de deberes, fuimos a tomar un helado al centro comercial. Me llevaron a un sitio donde, si girabas el helado y caía al suelo, te daban otro gratis; evidentemente, y no sé cómo, no cayó. Eso sí, no me lo pude acabar: el tamaño de la comida aquí es exagerado, incluso para mí. A la vuelta pudimos ver, con la puesta del sol de fondo, el lugar donde se hacen los rodeos, aunque en ese momento solo estaban dando una clase sobre cómo montar a caballo, pero me encantó estar ahí.


En teatro hemos empezado a leer una obra de Shakespeare, he tenido ya unos cuantos exámenes y Francés, Filosofía y Periodismo son sin duda mis asignaturas favoritas aquí. Deberíamos adoptar en España esto de hacer un periódico escolar: los alumnos aquí se involucran un montonazo y todo el mundo respeta mucho el trabajo que hacen, incluso los llaman "periodistas". Probablemente haga una entrada algún día hablando sobre cómo es mi instituto, las clases, y los profesores, porque sin duda es muy curioso.

El resto de los días, como ya dije, pasaron sin nada emocionante: muchas horas de deberes y mucho sueño; subidas, bajadas, y no solo mías, porque la otra estudiante de intercambio que está conmigo está en las mismas y el martes no fue un día muy fácil. Quiero poder leer esto en unos años y acordarme exactamente de cómo me sentía en cada momento, no solo quiero recordar lo bueno, ni tampoco quiero pintar esto como un camino de rosas. Este en un gráfico de las etapas que vamos a pasar durante nuestra estancia aquí, o sea que podéis haceros a la idea. Aunque, todo sea dicho, se nota como va mejorando, como poco a poco me voy adaptando y acostumbrando a mi vida americana.



En mi instituto no hay clase los viernes, por lo que, ese día, empezaba mi fin de semana. Después de volleyball tuvimos una reunión para "padres". Allí nos explicaron cómo va a transcurrir la temporada, nos dieron algunos papeles con la filosofía del equipo y varias frases motivadoras, y nos dijeron los horarios de los entrenamientos (no los recuerdo, pero son todavía más horas de las que ya tenía). Cada vez tengo más claro que lo de volver rodando se me va a hacer complicado con tanto deporte.



Después de esto, fuimos al Downtown (el centro de la ciudad), ya que allí se celebraba el Farmer's Market y querían enseñarme cómo era. El sitio en sí es una pasada: tal cual una película. Las calles estaban llenas de muchos puestos de comida, decoración y verduras, y en muchos de ellos te daban muestras gratis (si me conocéis, sabréis que allá donde hay una, yo voy). Tras pasear por la zona y cenar un trozo de pizza, entramos en una tienda de chucherías donde encontré Kinder Buenos: no los habían probado nunca, así que no pude salir de allí sin comprarles unos cuantos. También había Happy Hippos, pero para no dejarme allí media paga, esos los dejo para la próxima.


La mañana del viernes se centró en hacer parte de los muchísimos deberes que tuve este fin de semana. Después de comer, fuimos a comprar todo lo que necesitaba para jugar a volleyball esta temporada (¡ya es oficial!) y alguna que otra cosa más. Como curiosidad, decir que la Fanta Naranja es totalmente diferente a la de España: tanto el color como el sabor son distintos, y casi que me atrevo a decir que me gusta más este.



Después, algunos amigos de Hannah vinieron a casa para ver una película y, mientras tanto, la familia me enseñó a jugar a una especie de chinchón con las cartas de poker. Todo este tiempo, mientras todos llevaban shorts, yo no me pude quitar la manta de encima porque me estaba CONGELANDO, y eso que yo soy de las que se pueden pasar el invierno de manga corta, pero creo que este no va a ser el caso este año.



Después de algunas partidillas de baloncesto y de que solo quedase una de sus amigas, fuimos hasta Sonic para tomar un helado. Como no, tampoco me lo pude acabar (esto del tamaño americano me está dejando hasta sin hambre).


El sábado era el cumpleaños de Tisha, mi host mom, por lo que volvimos al Downtown para comer en un restaurante precioso: con las paredes llenas de matrículas, objetos americanos antiguos y cientos de pósteres decorando el local. Tanto el sitio como mi hamburguesa fueron una pasada.


Después de unos cuantos deberes más, fuimos a casa de unos familiares, ya que íbamos a conocer a Anthony, uno de sus primitos, que nació en marzo de este año. Allí, además de conocer a muchos, y muy majos, familiares, pude vivir mi primera barbacoa americana (y comer más, como no).

Por la noche por fin pude terminar mis deberes y, antes de ir a dormir, vimos la mitad de la nueva película de La Bella y La Bestia.

Los domingos son días tranquilos: de Skype, hacer tareas, escribir el blog y, el de hoy, de estudiar para mi examen de American History de mañana.



Ya lo dije en la entrada anterior, pero desde la distancia todo se aprecia el doble. Hoy mi aldea y su gente, de todas las edades, se merecen una mención especial: por preocuparse tanto por mí, estar disponibles a cualquier hora y ser, sin duda, mi familia. Os quiero de aquí a Mosteiro y vuelta por As Muras ❤️

¡Hasta la semana que viene!














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