26/11/17

# Mi vida en USA

(+126) THANKSGIVING BREAK



Tanto el lunes como el martes fueron días de relax, de estar por casa y hacer tareas, con la excepción del entrenamiento de baloncesto que tuve el martes porque, como ya os dije en las anteriores vacaciones, de todo se descansa menos de los deportes.

El miércoles, volví a ir con la italiana y su familia de excursión, esta vez también con un estudiante de intercambio de Eslovaquia que está viviendo en un pueblo aquí cerca; resulta que su familia acogió a un becado el año pasado, por lo que el chico sabía un montón de cosas sobre Galicia, la beca, Amancio Ortega y hasta Santiago de Compostela, lo cual me hizo mucha ilusión. Fuimos al Black Canyon, un sitio que, si bien no me gustó tanto como el Hanging Lake de la semana pasada, hay que reconocer que era muy bonito, especialmente por la impresión que daba ver el cañón desde la altura.


Después fui a su casa, donde pude ver como encendían las luces de Navidad, y hacer tiempo con ellos hasta la hora de la cena, cuando fuimos a cenar a Noodles&Company (cadena de comida que básicamente sirve pasta) y, como no, Alessandra pidió mac and cheese, porque no podía ser más predecible.

El jueves fue Acción de Gracias, la famosa fiesta de todas las películas americanas. Como es tradición, por la mañana vimos la Macy's Thanksgiving Parade, que es como una cabalgata de Reyes a lo grande que se hace cada año en Nueva York con motivo de esta celebración. Después, aunque no prestamos tanta atención, también es típico ver The National Dog Show, un certamen en el que básicamente los dueños pasean a sus perros y que, por aburrido que suene, la gente parece adorar aquí.

A las dos de la tarde nos sentamos a la mesa. Diréis: "caray, ¡comisteis a la hora española!", pero no chicos, esa era la cena. Si por algo se caracteriza esta fiesta es por la comida, y no me extraña: el famoso pavo, dinner rolls, casseroles, pumpkin pie... e infinidad de cosas más que hacen las "sobras de Acción de Gracias" algo también muy típico de este país.


Tradición también es ir de compras el día después de Acción de Gracias, durante el famoso black friday, pero nosotros nos adelantamos, como otros millones de estadounidenses, y fuimos ya el jueves por la tarde-noche. Aunque hubo bastante gente, no era tanta como al día siguiente, el viernes, cuando volvimos a ir de tiendas y estuvimos 35 minutos en la fila para pagar en una de ellas; aquí el black friday es algo mucho más grande que en España y lleva tantos años instaurado que es prácticamente una festividad más, pero lo podríamos comparar con el primer día de las Rebajas de enero que nosotros tenemos, para que os hagáis una idea.

Otra de las costumbres americanas es montar el árbol el día después de Acción de Gracias, por lo que, al margen de comprar, también hicimos eso. Si recordáis una de mis entradas en septiembre, os hablaba de los estados emocionales por los que los estudiantes de intercambio pasan durante su año, y, en la mitad, se alcanzaba el punto más bajo. Esa mitad son las vacaciones de Navidad, y antes de ella viene una bajada lenta hasta ese punto; aunque me había olvidado de todos esos períodos que íbamos a pasar, os puedo decir que montando el árbol me pude hacer una idea de lo duras que van a ser las Navidades para mí; serán preciosas, porque es así como lo son en este país, de película, pero, vamos a ser honestos, nada prepara a una adolescente de 16 años para enfrentarse a sus primeras fiestas lejos de casa a tan temprana edad, pero también estoy segura de que me harán mucho más fuerte y me ayudarán a entender a toda esa gente que nunca comprendía cuando me decían que odiaban estas fechas, principalmente por la ausencia de gente a la que querían. Y no me malinterpretéis, Diciembre siempre ha sido uno de mis meses favoritos y soy una persona extremadamente navideña, pero este año no me importaría dar un salto hasta enero y perdérmelas; sí, ver luces y regalos me emociona y hace ilusión, pero también me deja un sabor agridulce que sé que va a hacer esas fechas algo complicadas. Para qué mentir, mi mejor regalo sería un abrazo de los míos, uno de esos que sé que voy a necesitar, pero voy a poner todo mi empeño para vivir una de esas Navidades que veía por las tardes en Antena 3 y soñaba con tener.



Después, tras acompañar a mi host dad con dos de mis host sisters a casa de un amigo, pude ver un montonazo de casas con iluminaciones impresionantes, y el sábado nos tocó a nosotros y las colocamos alrededor de toda la fachada. Esto es una de esas cosas que hacen las Navidades tan bonitas y entrañables a este lado del océano.


Y como no, aprovechando las fechas, creo que es motivo suficiente para dedicar un poquito de esta entrada a dar las gracias.

Le tengo que dar unas gracias especiales a mi host family, aunque nunca tendré forma suficiente de agradecerles la oportunidad que me han dado este año de vivir con ellos y el esfuerzo que hacen para hacerme sentir una más. Las gracias también van para toda la gente que ha sido amable conmigo, ha tenido paciencia y dedicado alguna sonrisa, a mi equipo de volleyball y a tantos compañeros de instituto que siempre han estado dispuestos a ayudar, aunque la mención especial se la llevan las dos estudiantes de intercambio que se han convertido en uno de mis grandes apoyos aquí.

Las gracias van para mi colegio y mi academia de inglés, y todos sus profesores, porque no estaría aquí sin la educación que ellos me han dado. Mis gracias, evidentemente, se las merece también la Fundación Amancio Ortega y todo el equipo que ha hecho esta experiencia posible y que, desde el otro lado del charco, están siempre pendientes de nosotros y dispuestos a echar un cable.

 Gracias a mis amigos, y no tengo que decir nombres porque los que son, ya lo saben; porque es muy fácil rendirse en las amistades cuando los kilómetros se interponen de por medio, y ellos me han demostrado que son capaces de mantenerla y hacerla durar pase lo que pase, por mucho que no responda a sus mensajes en días o no pueda llamarles tanto como querría. Mil gracias por demostrarme, a través de tantos pequeños detalles, la importancia de amistades como las vuestras, y lo bonito que es sentirse querida y arropada.

Pero las gracias más importantes van para mi familia: a mi padre, porque ha marcado mucho más mi personalidad de lo que él se piensa, y porque esta experiencia me ha ayudado a entenderle más, y lo duro que puede ser estar lejos de casa; a mi abuela, por siempre enseñarme una sonrisa y transmitirme energía cuando sé lo duro que está siendo esto para ella; a mi abuelo, por transmitirme todas esas ganas de currar, estudiar y ver mundo, y por demostrarme su amor tan característico aún a tantos kilómetros. Unas gracias gigantes a mi hermano; gracias Diego por cuidar tan bien de mamá y ayudarla tanto, por estarte convirtiendo en un hombrecito admirable y demostrarme que la distancia separa cuerpos pero puede acercar corazones más que nunca antes.

Pero las gracias más importantes para ti, que sé que ya se te hace raro que no te haya mencionado después de tantos agradecimientos. Podría escribirte párrafos y párrafos mamá, pero creo que las gracias más grandes que te puedo dar son las gracias por contagiarme tu curiosidad, tu empatía y tu hambre de ver mundo; sobre todo, gracias mamá por dejarme volar, pero que sepas que volveré al nido con las alas más grandes y preparadas para abrazarte que nunca.


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