1/1/18

# Mi vida en USA

(+162) FIN DE AÑO, AÑO NUEVO



El miércoles fue día de relax y de estar por casa, por lo que me decidí a preparar las cajas de pan de queso, algo muy típico brasileño que en mi familia nos encanta, que mi madre me había mandado desde España. Nunca los había preparado yo sola y creo que me salieron decentes (no es que tenga mucha ciencia prepararlos, no os creáis que tengo yo alguna habilidad en la cocina) aunque me pasé un poquito con la cantidad, ya que la cosa es comerlos calentitos pero es imposible comerse unos cuarenta sin que se enfríen.

El jueves volvimos a ir de compras y aprovechamos para dar unas vueltas por el centro comercial; la verdad es que cuando me hablaban de lo desastroso que es diciembre para la cartera no me lo creía, pero doy fe. El viernes, después de parar a por Starbucks, acompañé a mi host mom y a dos de mis host sisters a la peluquería, donde estuvimos unas cuantas horas, lo cual a mí, fan de las conversaciones de peluquería, no me pareció un mal plan.

Para cenar fuimos al que ha pasado a ser uno de mis restaurantes favoritos y no por la comida, sino por los cocineros. Era un restaurante japonés de estos en los que las mesas son como islotes con una "parrilla" en el medio, y te puede tocar cualquier persona al lado; tú pides y luego el cocinero viene y te prepara todo delante tuya, pero es que además lo hacen con un montón de bromas, trucos y demás parafernalias súper divertidas. De verdad que espero que abran algo de este estilo pronto en Galicia.


Al terminar, por si no había sido suficiente comida, fuimos a una heladería muy popular aquí que hace unos helados riquísimos.


El viernes cogimos nuestras bicis y fuimos al parque que hay muy cerquita de nuestra casa y al que nunca había ido; la verdad que me hubiese encantado que mi hermano estuviese allí, porque era enorme y, conociéndolo, le hubiese encantado. Mientras que en España te encuentras un parque para niños en prácticamente cada calle, aquí, de este estilo, yo solo he visto este, que probablemente es equiparable a diez parques pequeñitos en España juntos, con sus pistas de tenis, campo de béisbol, su laguito con patos... vamos, una cucada.

Ayer fue fin de año y, aunque en España es prácticamente tan grande com Navidad, por no decir más, aquí no se le da tanta importancia. Sí, alguna gente tendrá fiestas en casa, pero no es ni de lejos tan importante como lo es para nosotros.

Por la mañana di unas cuantas vueltas al vecindario en bicicleta y visité a la abuela con la menor de mis host sister y más tarde, después de hacer algunas compras y, como no, ir a Starbucks, a las cuatro de la tarde, las doce en España, tanto mi host family como yo conectamos con España para tomar las uvas todos juntos, con Anne Igartiburu en un lado de la pantalla y el salón de mis abuelos en la otra. Aunque yo lo tenía puesto en directo, la señal no nos llegó a los dos en el mismo momento, por lo que toda mi familia en España empezó cuando nosotros aún íbamos por los cuartos, y al final terminé un poco a destiempo, pero fue un momento memorable, especialmente porque las uvas eran gigantescas. La verdad es que fue súper divertido y me encantó poder hacer esto con las dos familias, como una forma de unirlas, y para no perder la tradición ni arriesgarme a tener mala suerte en el 2018.



El resto del día se basó en ver una película, cenar como cualquier otro día y, a las diez, ver la bola caer en Nueva York, que está dos horas por delante nuestra. Cuando os digo que no le dan mayor importancia no bromeo, y es que el cambio de 23:59 a 00:00 ocurrió mientras veíamos High School Musical, con la mayor parte de la gente ya en cama y sin mayor emoción más que la mía. Aún así, ha sido un fin de año entretenido, diferente y divertido. 

Acabé así el que sin duda ha sido el mejor año de mi vida, que lo despedí con este textecillo en Instagram que os pongo por aquí:

Y se termina hoy el que ha sido sin duda el mejor año de mi vida hasta la fecha: un año que empezó con la noticia de que podía cumplir el que había sido siempre mi sueño, en el que conocí a mucha de la gente que espero que siga mucho tiempo en mi vida y en el que también aprendí quienes no valían la pena, porque cuando dicen que la distancia aclara la vista no pueden estar más en lo cierto. Un año en el que me he sentido más afortunada que nunca por mi familia y amigos, y en el que también he aprendido a vivir lejos de ellos. Un año en el que aprecio mi hogar como nunca, pero en el que también he encontrado un segundo hogar a miles de kilómetros del primero. El año en el que más he llorado, lo cual nunca ha sido algo propio de mí, pero en el que más feliz he sido con diferencia, porque muchas de esas lágrimas eran de alegría a causa de estar delante de lo que siempre había sido mi sueño. Un año en el que he sentido despedidas y lo que irse significa, pero que me ha dejado muy claro que volveré y me marcharé otra vez en algún momento, y que me ha dejado con todavía más ganas de conocer y ver mundo. Cuando era pequeña siempre me daba pena acabar los años, y no voy a decir que no me da pena cerrar este 2017 que siempre recordaré con tanto cariño, o sea que al 2018 solo le pido que no me defraude ❤️🤞🏻

No me olvido de que os dije que iba a escribir una reflexión de mis primeros cinco meses, y lo haré, no sé cuando, pero estoy segura que lo haré, aunque os aseguro que este mes de enero pinta muy ajetreado.

Espero que hayáis tenido una fantástica entrada de año y que disfrutéis mucho de los Reyes y las últimas fiestas.

¡Hasta la próxima semana! ❤️



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