19/7/18

# Mi vida en USA

(+320) MIS ÚLTIMOS DÍAS EN AMÉRICA



Aleluya diréis por ahí. Yo también digo lo mismo, pensaba que nunca me pondría al día. Ya hace más de un mes que estoy en España y, como os habréis podido imaginar, mis últimas semanas por las Américas fueron demasiado intensas como para pararme a escribir el blog, tenía prioridades y la mía era aprovechar todos y cada uno de los momentos con la gente y en los sitios más importantes para mí. No detallaré muchíiiisimo porque podría tener aquí tres páginas de texto por delante, pero no quería dejar esta aventura incompleta, ya que me ha encantado ir compartiéndola por aquí desde el primer día.

Volvamos al domingo donde lo dejé:

Tras una mañana muy especial, dedicamos la tarde al voluntariado con el Sharefest, un festival en el cual todos aquellos que lo necesitan publican una petición de ayuda y gran parte de la población busca el proyecto en el que más le apetece ayudar y se apunta. En nuestro caso, nos ofrecimos a ayudar a una señora con su jardín (a que sí, como en las pelis); y así pasamos la tarde.



El fin de semana siguiente fuimos a Denver. Si os acordáis, en marzo habíamos participado en el National History Day, y nos habíamos clasificado para la fase estatal, que se celebraba en la Universidad de Denver.
Nos pusimos en marcha el viernes y, al llegar allí, y tras ir a comer, nos dirigimos al Denver Art Museum, donde pudimos ver una exposición del pintor francés Degas y visitar algunas otras. Al terminar y ver que nos sobraba tiempo, visitamos el Museo de Historia de Colorado, que también fue súper interesante y muy dinámico.


Tras la dosis de museos, nos fuimos a cenar y pasear por el Downtown, el centro de la ciudad, que fue precioso.


El sábado fue por fin el esperado certamen. A primera hora de la mañana, fuimos allí y lo dejamos todo montado y, tras muchas vueltas al campus, que era impresionante, fue nuestro turno de la entrevista. Nos quedamos con muy buenas sensaciones y, aunque no tanto como en la primera fase, nos gustó. Esperamos toda la tarde hasta que se publicaron las listas de semifinalistas en las que, aunque no nos encontrábamos, sí se encontraba uno de nuestros compañeros, por lo que nos quedamos hasta la ceremonia en la que anunciarían los clasificados para la fase nacional en Washington D.C. Aunque no hubo suerte, fue una experiencia muy bonita y en la que pude conocer muchísimo mejor Denver y su universidad y fortalecer amistades muy bonitas.


Tras cenar en un mejicano, ya que era 5 de mayo, día que marca una de las principales victorias del ejército mejicano y que es más celebrado en USA que en cualquier otro sitio, partimos de vuelta a Grand Junction.

Al día siguiente, escalamos Mount Garfield, una de las montañas que lleva siendo parte de nuestras vistas diarias desde que llegábamos y que para nosotros era muy especial subir, ya que define totalmente nuestra ciudad. Con mi grupo de amigos más cercanos: Marija, Nathan y Sara, hicimos una de las rutas en las que más me he caído en toda mi vida (y no porque sea torpe, pero como para no caerse con semejantes cuestas) pero cuya cima ha sido sin duda la más especial. Muy cursi, pero para nosotras fue una de las cosas que queríamos hacer para culminar nuestra estancia en esta ciudad, y nos encantó.



La semana siguiente la pasamos muy ajetreada: aunque con muchos proyectos, sacamos tiempo el miércoles para ir a unos recreativos con unos amigos a jugar a los karts, al minigolf.... Es increíble cuánto se fortalecieron las amistades cara al final y qué poquito tiempo quedaba.


El jueves lo dedicamos a grabar un corto para Historia Americana y, si bien suena aburrido, os aseguro que fue uno de los días más divertidos que pasamos.


El sábado fuimos a Moab, en Utah, con nuestra familia y unos amigos suyos. Allí (a ver como explico yo esto) montamos en lo que ellos llaman ATV o Side-by-side, y la verdad es que no tengo ni idea de cómo se llaman aquí en España porque son unos vehículos que yo nunca había visto. Son básicamente todoterrenos más troteros y abiertos, con los que recorrimos partes muy rocosas del desierto de Utah, además de tener unas vistas espectaculares.



A la vuelta, para que veáis que no miento cuando digo que no perdíamos el tiempo, fuimos a hacer una ruta de senderismo con un grupo de amigos del instituto.


El domingo tuvimos nuestro último domingo en la iglesia, lo cual también significó nuestro último domingo haciendo voluntariado en la misa para niños. La verdad que nos dio mucha pena, porque creas en Dios o no creas, es innegable que esa iglesia ha creado una comunidad preciosa y muy muy acogedora, y a nosotras nos hizo sentir como en casa desde el primer día. Además, era el día de la madre en Estados Unidos, por lo que lo pasamos todos con mi host mom americana.


Por delante teníamos la penúltima semana de clases, que fue considerablemente intensa. El martes asistimos a la graduación de uno de los mayores institutos de nuestra ciudad: Fruita Monumento High School. Solo os puedo decir que fue como una película. En un estadio de fútbol americano, los cientos de estudiantes, alguna de los cuales conocía, subieron al escenario con sus togas y concluyeron la ceremonia lanzando sus gorros, como no podía ser de otra forma. Fue precioso.



Al día siguiente, tuvimos la obra de teatro de fin de curso: El libro de la selva. No fue una gran producción como la que había sido El mago de Oz en enero, por lo que la dividimos en dos días y la hicimos para una pequeña parte del colegio. Aún así, lo pasamos muy muy bien haciéndola y a la gente, especialmente a los más peques, pareció gustarles mucho.

Tras quedar con una compañera después de clase para tomar algo e ir de compras, fuimos a montar a caballo con otra chica de nuestro instituto que es una pasada de habilidosa con ellos. Fue tan amable de invitarnos a montar y la verdad es que lo pasamos súper súper bien, fue increíble y nos hizo una ilusión tremenda, además ella nos explicó todo lo que pudo y más sobre ellos.


El jueves, tras las clases y la segunda y última parte de la obra de teatro,  pasamos la tarde los cuatro juntos (cuando digo los cuatro me refiero a mi grupo de amigos más cercano: Sara, Nathan, Marija y yo). Además cenamos todos juntos en nuestra casa y lo pasamos muy muy bien. Sin duda una de las mejores cosas que me llevo de América es la amistad tan bonita, y espero que duradera, que hemos formado.

El viernes por la mañana quedamos con unos amigos para hacer una ruta fluvial en bici. A pesar de todo lo que tuvimos que pedalear, nos entretuvimos mucho y acabamos todos charlando largo y tendido en la orilla.


Después fuimos al Carnival, que es una especia de fiesta de Bouzas (en el sentido de las atracciones). Y allí quedamos con Elsie y Miya, que son dos muy buenas amigas y a quienes luego se sumaron otros tantos compañeros de insti que nos encontramos allí.


Para terminar este día tan americano, fuimos a un drive-in, o lo que viene siendo un cine al aire libre como el de tantas y tantas películas. El sitio era precioso, y con Doritos y buenas mantas y colchones,  nos acomodamos en la parte de atrás del truck y disfrutamos como enanas.

El día siguiente lo pasamos "de chicas": de compras, comiendo fuera y pasando la tarde en el centro comercial: Sara, Marija, mi host mom y yo. Después fui a ver la obra de teatro de una compañera de clase y de equipo y, al terminar y tras cenar fuera con su familia, fui a casa de otra amiga, en la que disfrutamos de una noche con varios de nuestros amigos y nos quedamos a dormir, ya que al día siguiente nos íbamos algunas de nosotras juntas a Utah. Lo que íbamos a hacer fue una de las cosas más "aventureras" que he hecho en toda mi vida: canyoneering, o lo que viene siendo descenso de cañones. La verdad es que era una pasada y lo pasamos estupendamente.



El lunes era el penúltimo día de Marija y, consecuentemente, nuestro último día juntas en el colegio. Y el más especial: nuestra graduación. No nos correspondía graduarnos, estudiamos lo que allí es 1º de Bachillerato y por lo tanto lo de las togas y los gorros no iba a ser parte de nuestra experiencia, pero le explicamos de todo corazón a la directora cuánta ilusión nos hacía eso, y nos concedió nuestra mayor ilusión de América: graduarnos.

Tras acabar las clases, en el arco que formaba la entrada al que fue nuestro instituto, rodeadas por poquita gente, pero a la que más queríamos, nos graduamos. Por tontería que suene, fue inmensamente especial para nosotras: sin un estadio gigante o cientos de personas, sino en un sitio que adoramos y rodeados de quienes hicieron este año increíble.


Por la tarde fuimos a cenar con un amigo y su familia para despedirnos todos de Marija, y como no, fuimos a un restaurante que fue el sitio donde quedamos por primera vez, donde cenamos en Prom y donde cenaríamos todos juntos por última vez.



Tras eso, cenamos por segunda vez y con toda nuestra familia americana y, tras pasar casi toda la noche sin dormir, al día siguiente, bien temprano, fuimos a despedir a Marija al aeropuerto. Primera despedida de tantas que quedaban por venir, y primera pista de lo duro que iba a ser no solo dejar América, sino a quienes se habían convertido en mi gente, como ella.



Fue un día muy muy triste y de muchísimas lágrimas.
Al día siguiente, fui por la tarde al ensayo de ballet de Miya, mi primera amiga americana y sin duda una de las mejores. Ella baila ballet y lo hace que es una pasada, y ya que no iba a poder ir a su actuación, fui a su ensayo.

El jueves fue el último día de clase y, tras pasarnos la clase de teatro con High School Musical de fondo, asistir a la graduación de los de nuestro instituto y pasar las últimas horas todos juntos, tocó hacer la cuenta atrás con el reloj y compartir la felicidad con todos aquellos que celebraban que empezaba su verano, aunque para nosotras se nos acababa un capítulo precioso de nuestras vidas. Tras vaciar la taquilla con la que tanto había soñado desde que era pequeña, tocó despedirse y cerrarla. Caprock Academy siempre tendrá una parte enorme de mi corazón.




Por la tarde fuimos a la fiesta de graduación de mi amiga Katey, que la celebraba en su casa, y luego a la de otros tres amigos. Tras esto, Sara y yo fuimos a un concierto al aire libre que nos encantó.


Al día siguiente puse a rumbo a Cedaredge, donde mi iglesia celebraba un campamento para niños y del que a mí me habían ofrecido ser una especie de monitora. 
Allí pasé todo el fin de semana, preparando los juegos para los niños y, en general, trabajando mucho; la verdad que cuando eres un niño vas a los campamentos pero nunca te imaginas la de trabajo que tiene detrás. Fue una experiencia buenísima y, por si fuera poco, cada noche los junior counselors pudimos disfrutar de la pedazo heladería que tenían y charlar alrededor de la hoguera.


Tras volver el lunes y descansar un poco, Sara y yo fuimos a ver un partido de béisbol en nuestra ciudad, ya que allí se celebra cada año JUCO, una competición entre los mejores de un cierto tipo de universidades. Su familia tenía pases VIP, por lo que lo pudimos ver desde tribuna pero, al estar tras un cristal y no poder vivir el ambiente al 100%, decidimos bajar abajo y sentarnos con algunos de nuestros compañeros de insti. Era la noche grande del campeonato, por lo que para culminarla pudimos disfrutar de un espectáculo de fuegos artificiales muy bonito.


La mayoría del martes la pasé ayudando a Sara con sus maletas, ya que ella se iba el jueves. Para mí fue también mi ultima tarde en 4640, el grupo de jóvenes de la iglesia, donde he conocido a gente fantástica y algo que sin duda voy a echar mucho de menos. Por la noche fuimos las dos a dormir a casa de un amigos, donde además de hacer smores un tanto rudimentales, vimos una peli juntos y lo pasamos muy bien. Éramos de sus amigos más cercanos, por lo que hicimos esto para aprovechar el día siguiente, el último para ella, al máximo desde primera hora de la mañana.

Tras un Starbucks de desayuno y una visita a la oficina del cole, la volvimos a ayudar a rematar las maletas. El resto de la tarde la pasamos yendo a sus sitios favoritos, acompañándola a despedirse... queríamos que fuese lo más especial posible. Lo terminamos cenando todos juntos y subiendo a lo más alto de la ciudad, como hicimos en Prom, para ver las luces de nuestra ciudad.


Pasamos la noche juntas y al día siguiente, bien temprano, la fuimos a llevar al aeropuerto. Segunda despedida pero no por ello menos dura, ya que me dejaba claro que me quedaba poco más de una semana en Colorado.



Después fui a desayunar con mi host family al mismo sitio que cuando dejamos a Marija, ya que aquello pareció convertirse en la tradición, y pasé todo el día con ellos. Fuimos a Goodwill, una tienda muy típica americana y que tenía que visitar antes de irme ya que estaba en mi bucket list. Comimos juntos y luego fuimos al cine, terminando la tarde subiendo a lo más alto de la ciudad con mi host dad en una de sus motos, disfrutando de unas vistas y una sensación increíbles. 

El viernes por la mañana fui a casa de la familia de un amigo, ya que me habían invitado a ir con ellos a Denver. Partimos y, tras dos horas de atasco debido a un accidente, llegamos a tiempo para una de las cosas que más llevaba esperando: un partido profesional de béisbol. Fuimos a ver a los Colorado Rockies jugar contra los Los Angeles Dodgers (¿sabéis las viseras que tienen una L y una A superpuestas?, pues son las de ese equipo). El ambiente era una pasada y el estadio, impresionante. La verdad que fue una experiencia que me encantó y que no me podría haber perdido.


El sábado lo pasamos en Waterworld, un parque acuático gigantesco y súper divertido, lo disfrutamos un montonazo. El domingo partimos ya de vuelta a Grand Junction, no sin antes parar en Glenwood Springs, donde había un restaurante bastante conocido al que fuimos a comer.

El lunes fue un día de muchísimo papeleo con respecto a la convalidación. Tras arreglar eso y pasarme un par de horillas en el centro comercial, fui con una de mis profesoras al cine para así poder despedirme de ella, ya que fue durante todo el año un apoyo muy grande. Después fui a cenar con un amigo a Taco Bell, sitio que deberían abrir en Vigo muy pronto, ya que está para morirse.

El martes fui a comer con Miya, a la que adoro. Fuimos a Freddy's, uno de mis restaurantes de comida rápida favoritos y que sin duda tiene las mejores patatas fritas que he probado nunca. Otro más que debería abrir aquí.


Por la tarde fui a mi primer rodeo, que era ya la última cosa que me quedaba por tachar de mi lista. A pesar de no ser muy fan de como trataban a los animalillos, es algo que hay que ver, aunque sea solo la entrada de los concursantes, ya que verlos rodear el recinto cabalgando con las banderas es una pasada. 

La del miércoles fue una mañana muy durilla, ya que no había empezado a hacer las maletas todavía y se me vino todo encima. Aún así, sobreviví y salí a comer con Katey, una de mis amigas de baloncesto, y su hermano a un restaurante al que llevábamos queriendo ir juntas desde diciembre.

Por la tarde fui a cenar a casa de una amiga, ya que sus padres me habían pedido. que les enseñase a cocinar paella y son un encanto de familia. Al llegar allí, no solo me encontré con muchísimos de mis amigos del instituto, sino con, nada más ni nada menos, que un vigués que yo había visto en Españoles por el Mundo antes de ir a Colorado. Hacía unas semanas, les había contado lo curioso que era que, de casualidad, e cuadró ver el programa en el que visitaban este estado y un señor de Vigo viviendo en la ciudad que iba a ser mi casa por un año. Cuando les dije su nombre, me dijeron que lo conocían y, sabiendo la ilusión que me hacía conocerle, lo trajeron por sorpresa para que me ayudase con la paella. Fue un gusto tremendo y una tarde súper divertida, además de que su mano hizo que la paella quedase mucho mejor de lo que nunca me habría salido a mí.


Cuando me desperté no me lo creía, pero el jueves era mi último día en Colorado. Había sido una semana de muchas emociones, yéndome a dormir cada día con la tristeza de saber que el tiempo corría en mi contra. No voy a mentir, yo no me quería ir. Grand Junction se convirtió en un hogar para mí, y su gente se convirtió en parte de la mía, por lo que marcharme se me iba a hacer muy muy duro.

Por la mañana, tras deshacerme de mucha de mi ropa, fui con un amigo al centro de la ciudad, una de mis partes favoritas de ella. Allí pasamos la mayor parte del día y, para rematarlo, cenamos todos juntos en mi casa, con toda mi host family reunida y disfrutando de las impresionantes quesadillas que tantas veces me hizo mi host dad. Pasamos horas y horas hablando, y ya como gran final, volvimos a subir a la parte más alta de la ciudad para ver la que fue mi casa durante este año desde lo más alto.

Os imagináis lo que vino al día siguiente, por lo que para qué explicarlo, si fueron todo despedidas y lágrimas.


Tras reencontrarme con otros becados, Nueva York, Madrid, y grandes retrasos en horarios, llegué a casa con el mejor recibimiento que me podían haber dado y rodeada de mis seres queridos.


Qué año más bonito. 

Qué alegría haber terminado en un sitio tan bonito como Grand Junction, con gente que me ha enseñado, con una familia que me ha querido y a la que he adorado, y con amigos que me llevo para toda una vida.

Qué pasada haberme despertado cada mañana con las Montañas Rocosas de fondo, con una nueva filosofía de vida, con una mente cada día más abierta. Y qué pasada haberme podido maravillar con los increíble que es Colorado.

Qué bonita América, que me ha abierto los brazos y permitido cumplir mi sueño.
Y que me ha dado el mejor año de mi vida.

Qué bonito haber podido compartir todo en este blog, donde quedará plasmado para leer y releer lo que da título a esto: mi sueño. El sueño con el que canté, me divertí y me acosté durante gran parte de mi infancia y que ahora he cumplido.

Qué bonito poder cumplir sueños. Y qué bonito que este haya sido solo el primero de muchos otros. 

Esta vez no digo "hasta la próxima semana", pero sí os digo que me queda la entrada final de mi aventura americana, que algo tan especial hay que cerrarlo bien. Antes del 31 de julio lo publico, prometido.

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